martes, 26 de julio de 2022

Nuevo fragmento de No Life Forsaken de Steven Erikson

Los seguidores de Malaz ya sabemos que Steven Erikson está en plena escritura de la segunda novela de la trilogía de los Testigos. Tras iniciar esta saga secuela del Libro de los Caídos en 2021 con Un dios inclemente, el autor canadiense se puso a trabajar en su continuación a comienzos de este mismo 2022, anunciado que su título provisional será No Life Forsaken (Ninguna vida olvidada).
De hecho el autor canadiense ya nos ha permitido leer el prólogo de No Life Forsaken (que tenéis traducido al español en esta entrada), un primer adelanto que nos indicaba que está segunda novela de la trilogía secuela nos llevaría de vuelta al continente de Siete Ciudades. 
Desde entonces no habíamos vuelto a saber nada nuevo pero hace unos días el autor ha publicado en su cuenta de facebook un nuevo y jugoso adelanto de su segunda novela. Se trata de un triple texto, ya que tenemos un ensayo, el fragmento del comienzo de un nuevo capítulo de No Life Forsaken (no especifica cual en concreto, así que no podemos calcular como de avanzada lleva la escritura) y un largo comentario posterior en el que el autor canadiense analiza desde el punto de vista creativo dicho fragmento.
Como es un larga lectura para empezar os dejo por aquí la traducción del ensayo introductorio (sin spoilers de ningún tipo, y en donde Erikson habla de la importante conexión generada con los lectores del Libro de los Caídos) y a continuación el nuevo fragmento de No Life Forsaken (en el que nos presenta a dos nuevos personajes que se intuye que serán centrales en la trama de su próxima novela malazana). Pasad a leer y disfrutad.

Mapa creado por Steven Erikson para acompañar No Life Forsaken.

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EL LEGADO DEL LECTOR 
Steven Erikson

Cuando Cam y yo creamos por primera vez el mundo de Malaz como ficción, compartíamos una base de conocimientos que, en virtud de las circunstancias, nadie más compartía. Esta base fueron los cimientos para construir nuestras historias. Personajes, eventos, escenarios, todo estaba allí para que lo explotáramos como mejor nos pareciera.
Fue una auténtica tirada de dados el ver si alguien más estaría lo suficientemente interesado como para seguirnos, para convertirse en lectores de los relatos que escribimos. Volviendo la mirada atrás, creo que fue ese legado oculto y privado (el período de juego) lo que le dio a las historias de Malaz su profundidad y detalle, lo que resultó confuso para algunos lectores, mientras que otros simplemente se sumergieron en ello y cabalgaron las corrientes salvajes. Cualquier medida de éxito debe reconocer esto: perdimos tantos lectores como ganamos.
Ahora, todos estos años después, con todas esas novelas detrás de nosotros, y con muchos lectores a cuestas, estoy de vuelta explorando el mundo de Malaz. La primera novela de la trilogía de los Testigos fue directamente al corazón del legado como tema, pero había algo en ella que no comprendí completamente al momento de escribirla. Es decir, y por primera vez, el legado que estaba explorando no era solo mío y de Cam. Ya no está confinado a recuerdos borrosos de nosotros dos jugando en un piso  en Victoria.
En cambio, la base de conocimiento se había expandido y ahora incluía a todos los lectores de la saga original (en plural) que luego compraron Un dios inclemente, abrieron el tomo y comenzaron a leer. Aunque probablemente se pueda leer de forma independiente, sin necesidad de conocimientos previos (al menos en términos de historia), cualquier profundidad que contenga se deriva de todo lo que ha sucedido antes.
Disfruté escribiendo la novela, disfruté quitándome el sombrero ante esos lectores veteranos de la saga de Malaz. Pero el significado completo de esa base de conocimiento compartida realmente no se entendió en ese momento. No lo vi en los regalos que me presentaba, las oportunidades que me ofrecía. En cambio, pisé con cuidado al escribir Un dios inclemente, probando cada paso antes de poner todo mi peso en él. Esto era, después de todo, un territorio nuevo para mí.
En cuanto al segundo libro de la trilogía, No Life Forsaken, bueno, ni siquiera tenía ese título en ese momento. Y mis nociones de su entorno eran vagas y, como se vio después, completamente equivocadas. Hizo falta el comentario de un BookTuber (Niflrog) para sacarme de mi complacencia. Dijo que la segunda novela tenía que estar ambientada en Siete Ciudades.
Él estaba en lo correcto. Lo está.
Afortunadamente, tenía a mano un conjunto completo de notas sobre Siete Ciudades, reunidas bajo la premisa de que eran antecedentes, tal vez relevantes, tal vez no. O tal vez esas notas las reuní en mi tiempo libre sin ningún motivo en particular. Cuando volví a mirarlas, después de todo, muchas de las cosas incluidas ya no encajaban por donde las había llevado en Un dios inclemente. Se había quedado unos cuantos años anticuadas, por lo menos, esas notas. Pero sirvieron de base para construir la segunda novela, No Life Forsaken, con algunas enmiendas y ajustes.
Lo que vino a continuación entonces fue la tarea de trabajar en la historia de No Life Forsaken. Mi planteamiento inicial imaginó una estructura que era problemática. Pero bueno, ¿y qué, verdad? Como si Las puertas de la Casa de la Muerte no fuera problemático después de Los jardines de la luna. O Mareas de medianoche cayendo de la nada. Como si la estructura de Los Cazahuesos no fuera una compactación de dos novelas en una sola. Como si Polvo de sueños y El Dios Tullido no fueran una sola novela cortada por la mitad.
Así que comencé a escribir, dejando de lado mi vaga inquietud sobre la trama. Todo se arreglará por sí solo con el tiempo, me dije. Y la semana pasada, ocurrió exactamente eso. Pero la solución llegó de una dirección inesperada. Caminaba de regreso a casa después de una sesión de escritura, planeando el próximo capítulo en mi cabeza, cuando la noción de legado compartido regresó a mis pensamientos.
Lo que el lector sabe, lo puedo usar.
Es algo simple, de verdad. Está implícito en cualquier saga, cuando el lector está listo para el viaje y ha leído los libros anteriores. El autor se basa en ese conocimiento compartido. No es de ninguna manera algo inusual o único.
Aun así, algo en eso parecía diferente esta vez. Replanteé la idea en mi cabeza. El lector, me di cuenta, ahora es parte de la historia de Malaz. El lector estaba allí, paso a paso, a través de más cosas que cualquier otro personaje de la saga. El lector tenía una visión divina de lo que había sucedido antes. El lector recordaría cosas que yo no recordaba, se centraría en cosas que ahora recuerdo borrosas y le daría peso a cosas que me importaban poco o nada. Y de todo esto nació una tensión que me pareció, bueno, deliciosa.
La tensión, después de todo, es esencial. Entre lector y escritor, no es algo que este último deba temer. Es, de hecho, algo bueno.
Así que ahora, a medida que avanzo, soy consciente de este nuevo compromiso, esta interacción entre tú y yo, y en el centro de este diálogo (tal como se presenta en No Life Forsaken) están las preguntas sobre qué usaré de la historia compartida, y cómo lo usaré, y si puedo sorprenderte todavía. Porque quiero sorprenderte. Quiero atraparte con la guardia baja, dejarte desconcertado. Quiero tomar la historia compartida y retorcerla de formas inesperadas. Y todo esto es terreno fértil para mi proceso creativo y combustible para mi imaginación.
Como lectores, es posible que no seáis completamente conscientes del papel que desempeñáis en la mente de un escritor (bueno, la mente de este escritor, en cualquier caso, ya que no puede hablar por ningún otro escritor). Va más allá de las palabras que tranquilizan y las palabras que lastiman, más allá de los juicios que alaban o condenan. Cuando todo el polvo de eso se aclara, lo que queda está en la página, y esa página, amigos, es la historia entre nosotros.
El legado.

*****

Lo que sigue es un extracto de No Life Forsaken. Es el inicio de un capítulo y también la introducción de nuevos personajes que aún no se han visto en la novela (o en las novelas anteriores). Para los lectores de la saga, es un ejemplo de cómo funciona mi mente para torcer lo que compartimos en términos de conocimiento. Para los demás escritores, les dejaré algunos comentarios sobre cómo está estructurado y qué pretende lograr.
Si me siento particularmente ambicioso, puedo entrar en algunas cosas concretas línea por línea, aquí y allá. Y trataré de mostrar cómo el escenario y los detalles utilizados para describir ese escenario pueden servir al contexto emocional de los personajes, para de esa forma construir el espacio a su alrededor para comentar sus estados de ánimo en un momento dado. Esta es una forma de fusionar los elementos narrativos para que formen un todo coherente que a su vez deje una impresión en el lector. Si algo de esto te sirve de algo depende de ti, por supuesto. Como mínimo, obtendrás un ejemplo de cómo trabajar el subtexto en tu narrativa (incluso si encuentras que el ejemplo es deficiente, todavía has aprendido algo).
Por lo tanto, es el inicio de un capítulo del Libro Dos. Comienza, por supuesto, con un epígrafe; en este caso, un poema. Por lo general, empiezo los poemas sin saber a dónde van, y si encuentro una línea de apertura que funciona para mí, elimino todas las restricciones y simplemente me dejo llevar en todo lo que sigue. A medida que me acerco al final del poema, hago una pausa y considero las cosas, preguntándome "¿de qué trata realmente este poema?", y cuando encuentro la respuesta, vuelvo atrás y veo si hay algo que necesite revisar: una palabra cambiada aquí o allá, una palabra omitida , una palabra añadida. Y luego escribo las últimas líneas, en las que se presenta la emoción que subyace en todo el asunto. Suelo dedicar más tiempo a esas últimas líneas que a cualquier otra cosa, escribiendo y reescribiendo hasta que me parece bien. Entonces lo atribuyo a alguien, aquí una vez más es Pescador, ya que... razones.
De cualquier modo, aquí va:

Mapa original de G'danisban creado para las partidas de rol de Erikson y Esslemont.


CAPÍTULO XXXX

¿Llamas a esto normal?
En las mariposas del jardín
hacen su baile diario
respondiendo a la salida del sol y la luz del día
en una ráfaga casual de la vida
las flores giran la cabeza
rastreando la florida insolencia del tiempo
la persistente molienda sonriente
a la espera del telón gris de la estación final
¿Llamas simple a esta superficie?
Por encima de la inmersión profunda de la tumba
toda la sangre que fluye sin ser vista
en interminables canales nocturnos
no tengo nombre para esto
el enorme susurro atronador
de todos estos corazones latiendo
en algún lugar una mano acecha
punzado para empujar a matar
y aquí viene de nuevo el amanecer
de otro día angustioso

Para que no sea nombrado
Pescador kel Tath



La ciudad de G'danisban era un estudio descolorido en tonos pardos y pintura desgastada bajo la luz menguante de la tarde. Construida con piedra arenisca y argamasa, crudo y caótico como correspondía a un asentamiento nacido antes de la era de los carros, y mucho menos de los carruajes, cada calle era un callejón y cada callejón era un laberinto tortuoso y sinuoso entre edificios. Un pájaro que volara sobre sus cabezas vería poco más que tendederos sobre tejados planos, adornados con banderas, cada nación un hogar, cada ejército una casa, todos con ricos tintes y ondeando al viento caliente.
El palacio central había sido una vez una fortaleza, un bastión de aquellos que eventualmente ascendieron al poder, generación tras generación, añadido tras añadido, reforzando la ilusión de continuidad que, si el pájaro volara cada vez más alto, no sería una ilusión en absoluto. Pero algunas cosas eran demasiado amargas para contemplarlas.
El puño Jalan Caída de Aren suspiró, sus antebrazos gruesos y llenos de cicatrices descansaban sobre la muro bajo de adobe que encerraba el techo plano, su mirada de ojos de pizarra exploraba el laberinto de ropa seca, piedra y sombras de la ciudad de debajo. ¿Qué hizo que esto fuera un nudo en el corazón de Siete Ciudades? Apenas treinta mil almas habitaban aquí, cada una de ellas asediada por furiosos acólitos de una veintena o más de templos enfrentados, con las manos extendidas y terribles advertencias en sus lenguas. La extorsión extendida al reino de las almas, nada menos. ¿Qué clase de bestia es el hombre y la mujer?
La mayoría de los días, usaba su segundo nombre con el suficiente reconocimiento irónico para crear algo parecido a la ecuanimidad en compañía de su personal (funcionarios municipales y provinciales, oficiales y empleados y todo el resto de su séquito diario). Caída de Aren. Antes de su tiempo, la ciudad de la verdadera conquista de Aren (por los malazanos, por supuesto). Pero la caída de Aren ante los malazanos no fue, sin embargo, el origen de su nombre. Su atribución se refería a un evento posterior. En concreto, el día en que Aren no cayó. Cuando se mantuvo firme contra la Rebelión, una isla de vida rodeada de muerte.
La caída, de hecho, ocurrió fuera de los muros de la ciudad. Un detalle de tal trascendencia que la gran ciudad había sufrido un cambio fatal en la consideración y sensibilidad de todo un imperio. Ya no era Aren, ahora era Aren Fuera de la Caída. Un trabalenguas, desde luego.
Entonces, ¿cómo fue que la muerte de un hombre pudo cambiar el mundo? ¿O dar al hijo de un rebelde su segundo nombre a la manera de una promesa vacía?
Sobre la ciudad, casi al nivel donde se encontraba el puño, las golondrinas giraban y giraban a través del aire turgente y polvoriento. Su presencia, que salía volando de los nidos en agujeros construidos en los altos muros del palacio, creaba una eterna pintura de guano por todos los lados del edificio y, ocasionalmente, cuando amainaba el viento, también un hedor fétido. Y aunque no las envidiaba, ¿había algo más glorioso que su danza aérea y su canto penetrante? Y ahora que un mar de agua dulce ocupaba lo que una vez había sido una cuenca desértica, no muy lejos, la malaria había regresado a la zona. Murciélagos y golondrinas eran bienvenidos a comer hasta saciarse de mosquitos, en beneficio de todos.
Escuchó pasos acercándose y ahogó un segundo suspiro. Los momentos de contemplación se estaban volviendo escasos. Enderezándose, se volvió para estudiar a los dos hombres con los que ahora compartía la azotea. El capitán, Hadalin Bhilad, permanecía cerca de la escotilla que conducía a las habitaciones inferiores, con los pulgares metidos en el cinturón de su arma y la capucha de telaba blanquecina levantada para protegerse la cabeza y la cara. Había suficiente en su postura para decirle a Jalan que no todo iba bien entre el capitán y el otro hombre, que ahora se unía al puño cerca del muro.
Jalan inclinó la cabeza. 
—Consejero.
—Sin saberlo, he destruido tu santuario, —dijo el consejero Inkaras Sollit. —Perdóname.
—Reflexionar sobre la ciudad de abajo ofrece poco santuario, —respondió Jalan,— aunque esta vista está lo suficientemente alejada como para ofrecer algo de alivio.
—¿Y, diría yo, perspectiva? 
Inkaras se movió para apoyarse en el muro, igualando la pose de Jalan hacía solo unos momentos. El azul oscuro de sus manos y antebrazos desnudos contrastaba con la telaba teñida de magenta que vestía. Si bien muchos extranjeros bregaban con la telaba como prenda, dados sus peculiares pliegues y su corte al bies, el consejero bien podría haber nacido con una, tal era su aparente comodidad al usar la vestimenta tradicional del desierto. Y, sin embargo, no era nativo de esta tierra.
—¿Estás instalado en tus aposentos, consejero? Sin ningún anuncio sobre su llegada pendiente...
—Lo hiciste muy bien, puño. Las habitaciones son de lo más satisfactorias. —Hizo una pausa y una media sonrisa se dibujó en sus facciones toscas y maltratadas. —El calor, por otro lado…
—Creía que las Islas Napanianas...
—Nací en la isla de Malaz, —interrumpió Inkaras. —Jakata, para ser más precisos, que comenzó como una colonia napaniana. O eso se dice y dado el predominio de habitantes de piel azul en ese lado de la isla, parece probable. En cualquier caso —prosiguió—, mi familia eran pescadores y vivían en Isla Ruptura frente al Paso Interior, donde los vientos del sur eran helados todo el año.
Jalan Caída de Aren lo consideró y luego dijo: 
—Creo que ya no está helado.
—Bastante cierto, —estuvo de acuerdo Inkaras. —El mundo de mi infancia no es el mundo que me rodea ahora. Pero entonces, ¿no podemos todos decir eso? Después de todo —continuó, sin apartar la mirada de los tejados de la ciudad—, eras un niño soldado en el ejército rebelde de Korbolo Dom, tu padre era uno de sus comandantes de mayor confianza. Tengo curiosidad, ¿qué piensa tu padre de tu vida ahora? Un puño del Imperio. Poeta y músico. Y completamente impío.
Jalan se quedó en silencio por un momento, preguntándose por qué el consejero se había olvidado de mencionar el rasgo más notorio de Jalan: a saber, su infame propensión a la violencia. Si era un cebo, entonces era un juego peligroso, especialmente con el hombre al alcance de la mano, y aparentemente concentrado en la escena de abajo. ¿Arrogancia? ¿Confianza? Si era así, entonces doblemente fuera de lugar.
Si decidía matar a este hombre, aquí y ahora, nadie podría detenerlo. Ni el capitán diez pasos detrás de ellos. Ni el mismo consejero, ya que no era necesario recurrir a la magia.
—Caída de Aren, —continuó Inkaras, todavía inconsciente, —es por lo tanto una denominación peculiar. Luego, por supuesto, está tu otro nombre, el que apenas se susurra en las sombras, que encuentro... fascinante. ¿Qué significa, entonces? ¿Es 'Parpadeo'?
La pregunta vaciló en la última palabra, ya que el consejero ahora se encontró mirando la punta de un cuchillo, flotando frente a su ojo derecho.
—Ah, —dijo Inkaras temblorosamente. —En un abrir y cerrar de ojos, entonces. Entiendo.
—Menos de lo que imaginas, —respondió Jalan, retirando lentamente la hoja azulada y dando un solo paso hacia atrás, después de lo cual sintió la punta ancha de la espada del capitán entre sus omoplatos, clavándose en la tela de su telaba.
—Compartimos el defecto, —murmuró el consejero.
—Nosotros no, —respondió Jalan. —Si te hubiera quitado la vida en este instante, consejero, tu capitán te habría seguido en el siguiente. La cuestión aquí tratada, Inkaras Sollit, ya se habría dejado clara.
—¿Y cómo imaginas que se sentiría el Emperador si mataras a su consejero?
—Molesto, estoy seguro.
—No lo suficiente como para llorar, —dijo Inkaras, aparentemente divertido. —Pero tu tumba no estaría marcada.
Jalan soltó un profundo suspiro. 
—¿No cree, consejero, que ya tenemos demasiadas tumbas reverenciadas? ¿Demasiados túmulos venerados? ¿Por qué estás aquí, si no es para dirigirte a este caldero hirviente de mártires muertos? No, doy la bienvenida a un agujero sin nombre para mis huesos.
—Solo que no hoy, —dijo el consejero.
Jalan se encogió de hombros y se volvió lentamente para mirar al capitán.
—Regresa a nuestros aposentos, querido, —murmuró Inkaras a Hadalin Bhilad. —Para que siga la discusión, debemos ser el puño y yo, nadie más.
La fría mirada del capitán se mantuvo por un momento más en los ojos de Jalan, luego descendió y envainó su espada larga de otataral y dio un paso atrás. Caminando hacia atrás, giró y se dirigió hacia la escotilla, por la que bajó sin hacer ruido. 
—Sí, —admitió el puño, —es realmente rápido.
—Pero no lo suficientemente rápido.
—A diez pasos, nadie lo es.
—Me sorprende que la Garra no te haya visitado hace mucho tiempo, con habilidades como las que acabas de mostrar.
Jalan Caída de Aren miró al consejero con el ceño fruncido. 
—Bueno, es probable que la Garra no registre sus fallos, ¿verdad?
—¿Al reclutarte?
—No, consejero, de sobrevivir al encuentro. ¿No lo sabías? Solía cazar y matar garras para ganarme la vida.
Ahora era el turno del consejero de mirar. 
—Parece que el Emperador fue algo conciso. ¿Cómo es que ahora eres un puño? Esto no tiene sentido.
—Hay un problema perenne con los asesinos secretos imperiales, lo suficiente como para enviar sudor frío por la espalda a cualquier emperador. En consecuencia, periódicamente, se requiere un sacrificio.
Ahora los ojos del consejero estaban muy abiertos. 
—¿El Emperador te contrató para limpiar la casa?
Jalan se encogió de hombros. 
—Había un precedente.
—¿Había?
—Kalam Mekhar hizo lo mismo por la emperatriz Laseen. En Ciudad Malaz, de hecho. Después de esa maldita noche, pudo respirar tranquila por un tiempo.
—¡Casi nada!
—Bueno, otros asuntos se interpusieron.
—¿Qué otros asuntos?
—El regreso prematuro de la Guardia Carmesí, supongo. —Jalan luego se encogió de hombros. —¿Es esto lo que vamos a discutir, consejero?
—No, pero encontrar confianza  me está llevando más tiempo de lo esperado.
Esa fue una admisión bastante honesta. Jalan decidió relajarse un poco. 
—Mi padre desaprueba todo lo que soy, consejero. No hablamos y no lo hemos hecho en años. En consecuencia, sabe menos de mí de lo que él cree.
—¿Y estás seguro de eso?
—No, pero en verdad, apenas importa. La traición de Leoman de los Mayales lo rompió. Mi padre no ha enfrentado un día sobrio en muchos años. No es un destino poco común para los que tienen el corazón roto.
—Suenas casi indulgente.
—Un resultado preferible a la ira obsesiva y asesina, consejero. —Hizo una pausa y luego dijo, —Un mundo de personas con el corazón roto suena... pacífico.
Inkaras dejó escapar el aliento. 
—¡Bendita Laseen, me dejas desconcertado a cada paso!
—Disculpas, consejero. De todos los títulos que me han dado, es el de "poeta" el que hiere más hondo.
—¿Porqué razón?
—Es el único maldito entre ellos.

*****


Hasta aquí la primera parte, en unos días (cuando saque tiempo) os traduciré también el extenso comentario de Erikson analizando este fragmento ya que nos deja cosas muy interesantes tanto sobre la novela que tiene entre manos como sobre el proceso de escritura. [Actualización septiembre de 2022: ya podéis leer este análisis de Erikson traducido en esta entrada]


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1 comentario:

  1. Dice Erikson "Porque quiero sorprenderte, pillarte con la guardia baja ..." ¿más? ¿me quieres sorprender más? ¿más en bragas quiere pillarme? me voy a reír porque Erikson lo tiene dificil, lo de más no lo de sorprendernos, Erikson está siempre, constantemente, párrafo si y párrafo también sorprendiéndonos, es su ámbito de uso, es su lugar donde está cómo, Erikson es así, una pura sorpresa. Veremos ahora por dónde nos sale, porque sorprendernos nos va a sorprender, si o si.

    Por cierto ando terminando la segunda entrega de Nacidos de la Bruma de Sanderson. Y al ver a Sazed ser nombrado como "Sagrado Primer Testigo" y un poco después dirigiéndose a la batalla - Primer Testigo, pensó. No me lo creo. Pero, sea como sea, debo estar allí para lo que pase a continuación. - no puedo por menos que acordarme de Erikson y de su concepto germinal, central, profundamente esencial en su trabajo, el de ser testigos. Oh, creo que ya pienso en Eriksonniano ... me temo que si.

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