Después de una larga espera el cadáver más famoso de los Siete Reinos, dejado a descansar en una fría celda del Castillo y puesto a punto por la estilista de R´hllor, se he levantado, ha dejado algunas caras torcidas a su paso, ha impartido justicia/venganza y le ha pasado el muerto de la defensa de Poniente a aquellos que se jugaron el cuello por él. Si, Oathbreaker (Perjurio) ha hecho añicos algunas palabras pronunciadas ante lo más sagrado para un norteño fiel a los antiguos dioses, pero también ha amenazado con romper nuestras mandíbulas bostezantes en un capítulo anodino y con un ritmo bastante lento. Solo lo que pasa en el Muro, en Invernalia y la visión de Bran logran salvar la función en un episodio que pasa sin pena ni gloria en comparación con los dos primeros de la temporada.
EL MURO. Después de la "puesta a punto" del cadáver de Jon Nieve gracias a la estilista Melisandre su resurrección nos ha traído de vuelta a un desconcertado bastardo. Normal, ya que Jon recuerda a la perfección como fue apuñalado y sabe que estaba más muerto que el honor en los Gemelos. Pero si él está sorprendido, el resto de habitantes del Castillo Negro directamente están a punto de salir a correr: fantástica la cara entre espantada y desconcertada de Davos, así como el miedo respetuoso de los demas hermanos negros (salvo Edd el Penas, que casi parece que esperaba ver vivo de nuevo a Jon).




