jueves, 27 de abril de 2023

Espadas malditas: "no amará la mano a la que sirva".

Desde los inicios de la fantasía su camino ha estado unido al acero de las armas. La épica parecía ligada de forma casi ineludible a los actos heroicos acometidos empuñando la espada, luchando en causas desesperadas o contra ingentes cantidades de enemigos. No en vano los grandes héroes del género tenían sus propias y célebres armas, herederas modernas de Excalibur, Durandarte o Tizona, destinadas a llevar a sus dueños a la gloria o la leyenda.

Ilustración de Alejandro Colucci.


Sin embargo, también desde bien pronto los escritores de fantasía épica vieron que las espadas eran armas de dobles filo, si me permitís la broma. Las espadas no solo permiten defender al que la empuña, también pueden llevarlo a cometer actos terribles y ser causantes de los dramas más oscuros. Las autores de literatura fantástica empezaron a poblar sus historias de armas que arrastraban a sus dueños a trágicos destinos, convertidos en meros juguetes de poderes que, en muchas ocasiones, están más allá de nuestra comprensión.
Hablamos, en definitiva, de espadas malditas.´

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