lunes, 26 de febrero de 2018

Reseña: El Gélido Mando, de Richard Morgan

SINOPSIS: Ringil Eskiath, el avezado portador de la espada Críacuervos forjada por los kiriath, es un hombre perseguido: por su pasado y la familia que le desheredó, por los magnates esclavistas de Trelayne que quieren verlo muerto, y al parecer por los mismísimos dioses, que se han fijado en él pero cuyos propósitos son, como de costumbre, oscuros. A Ringil sólo le queda un lugar donde ir: Yhelteth, la capital del imperio del sur, donde quizá pueda buscar refugio con la mestiza Archeth, su antigua camarada de armas y ahora consejera del emperador. 
Pero Archeth tiene sus propios problemas, que incluyen la presencia de su invitado, guardaespaldas y antiguo nómada de las estepas Egar el Matadragones. Lejos de conseguir un respiro, Ringil se encontrará embrollado en nuevos complots y dudosas alianzas que no resultan más saludables que las que ha dejado atrás. Sus antiguos enemigos acechan, el viejo orden está podrido y quebrándose, y aunque nadie lo sabe todavía, la ciudad de Yhelteth está a punto de estallar.


RESEÑA: Esta segunda entrega de Tierra de Héroes está ambientada un tiempo después de los sucesos de Sólo el acero (del que también podéis leer mi reseña), y todos los personajes de la trilogía de Richard Morgan ahora tienen que hacer frente al precio de sus decisiones. Aunque la victoria contra los dwenda parece haber detenido momentáneamente sus planes de invasión, en El Gélido Mando el corazón del Imperio de Yhelteth sigue siendo un lugar altamente convulso, donde los creyentes más radicales de la Revelación parecen listos para acabar con todos aquellos que nos comparten sus creencias.
Allí se encuentra ahora Egar el Matadragones, descubriendo que es mucho lo que ha cambiado desde su juventud. Como guardaespaldas y amante de Imrama su situación es del todo menos agradable, sobre todo cuando regresa a casa el esposo de esta... Así que el guerrero majak, en busca de una manera de desfogar su mal humor, no tarda en verse envuelto en una extraña historia donde se mezclan sus compatriotas majak y el poder religioso de la Ciudadela.
Por su parte, la mestiza Archeth ha sido convocada por los timoneles kiriath para cumplir una importante (y misteriosa) misión: reunirse con un mensajero, que parece traer una oscura advertencia para el mismísimo emperador Jhiral. Una vez más la duda es si los timoneles están jugando con los humanos, o la amenaza es real.
En el norte Ringil Eskiath se ha convertido en un despiadado enemigo de todos los esclavistas. Exiliado y rechazado por su propia familia, ahora lidera una banda de mercenarios implacables, y su lucha le lleva a encontrarse de frente con todos los fantasmas de su pasado. Los sucesos del final de Sólo el acero han marcado profundamente al guerrero, despojándole de cualquier rastro de piedad.
Una vez más Morgan maneja de forma muy ágil los tres hilos principales de la historia, alternándolos para mantener enganchado al lector a la trama. Reconozco que tanto la historia de Ringil como la de Egar han logrado mantenerme atrapado, pero con Archeth tengo la sensación de que el autor estira demasiado el chicle de un formar artificial, y creo que se convierte en el arco más superfluo de la novela (aunque es cierto que se intuye que su trama sobre todo sirve de presentación de lo que ocurrirá en la última entrega de la saga, La Impía Oscuridad).
En esta nueva entrega Ringil se vuelve mucho más oscuro todavía, ya que el antiguo héroe de guerra ahora ha sido casi totalmente despojado de su humanidad, convertido en una máquina implacable que solo busca el castigo de sus enemigos. Sin embargo, la huella que los dwenda han dejado en él sigue marcándolo como alguien especial, una pieza clave para la inevitable lucha que los volverá a enfrentar. Durante su viaje empezará a ser consciente de ello, y tendrá que decidir hasta que punto está dispuesto a profundizar en sus nuevas capacidades.
Pero sin duda el personaje que más brilla en esta segunda entrega es Egar el Matadragones. El majak empieza a ser consciente que regresar a la ciudad donde vivió su juventud ha sido una mala idea, y que para él no hay ningún retorno posible. A partir de entonces, su desesperación le lleve a encadenar una serie de malas decisiones que le acabaran metiendo de lleno, sin pretenderlo, en las luchas internas de Yeltheth entre los poderes religiosos de la Ciudadela, el emperador y una amenaza mucho más oscura.
Las tres tramas principales irán acercándose paulatinamente hasta el último tramo de la novela, donde la confluencia de todas ellas en la propia capital de Yhelteth. Una vez más la violencia de las armas será la decidirá el destino de los tres protagonistas principales, además de resolver muchos de los enigmas que rodean a la amenaza aldraina. Aunque el clímax final creo que no llega a tener la misma potencia que el desenlace de Sólo el acero, si que logra mantener el interés del lector por el desenlace, al mismo tiempo que deja la trama en un punto álgido que promete una última entrega repleta de revelaciones.
Con El Gélido Mando Richard Morgan sigue explorando el peso que el pasado causa sobre cada uno de sus dañados y dolidos personajes. Asistimos a como la venganza vuelva cada vez más oscuro e implacable a Ringil mientras descubre la huella que los dwenda han dejado en él; descubrimos como Egar demuestra que no hay nada peor que el orgullo herido de un guerrero veterano y como la mestiza Archeth que tiene que decidir hasta que punto puede confiar en los timoneles creados por su propia raza. Con grandes dosis de acción y realismo sucio en un mundo que no tolera ningún tipo de debilidad, El Gélido Mando se desarrolla a un ritmo ágil gracias al hábil entrelazamiento de los tres arcos argumentales y sienta las bases para un intenso viaje hacia el corazón último de los misterios aldrainos, que con la recién publicada La Impía Oscuridad promete poner fin de una vez por todas a un conflicto ancestral que se ha filtrado a través de la costura misma de la realidad y el tiempo.


VALORACIÓN

FICHA
El Gélido Mando (Tierra de Héroes, 2)
Richard Morgan
Alamut
Rústica con solapas, 456 páginas
Traducción de Núria Gres

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