RESEÑA: La bilogía formada por
Ilión y
Olympo es una atrevida propuesta de uno de los grandes autores de la ciencia ficción moderna. Si con su impresionante tetralogía de
Hyperion Dan Simmons nos dejó una de las lecturas imprescindibles del género, y una narración tan imaginativa como seductora, en esta futurista recreación de la Ilíada homérica el autor norteamericano no se queda atrás. Eso sí, quizá
su arranque sea mucho más exigente y cuesta arriba, y en su primera parte Dan Simmons lanzaba al lector a la historia casi sin paracaídas, dejándole el arduo trabajo de tratar de ensamblar numerosas piezas cuyos contornos no parecen coincidir.
Y es que ¿cómo puede uno meter en el mismo saco la historia de un estudioso de la Ilíada resucitado para revivir día a día los sucesos del conflicto narrado por Homero con una Tierra casi deshabitada de lo que parece el futuro? ¿Dónde encajan los dioses y semidioses que habitan en el templo olímpico de Marte con los moravecs (droides semiorgánicos) jupiterinos, los poderosos posthumanos, los últimos humanos de las Tierra o los misteriosos voynix? Ilión era una adictiva mezcla que exigía que el lector avanzara aún a costa de los enigmas sin respuesta con lo que iba tropezando capítulo a capítulo. Es cierto que su desenlace de la obra aclaraba algunos de ellos, pero todavía quedaban mucho (
tenéis mi reseña de Ilión aquí).
Pero pasemos ahora a este
Olympo, que tiene la misión de concluir y solucionar los enigmas planteados en
Ilión. En esta reseña, y por razones obvias, hay
spoilers importantes del final de la entrega anterior así que estáis advertidos.
Han pasado
9 meses desde que aqueos y troyanos unieran fuerzas para lanzarse a su guerra contra los dioses del Olimpo (en Marte), pero su inestable alianza no tardará en tambalearse de nuevo debido a la desconfianza mutua.
Thomas Hockenberry, el escólico que manipuló a ambos bandos para azuzarlos contra los dioses, vive una existencia mucho más tranquila que no tardará en complicarse cuando esta extraña Ilíada ‘paralela’ se salga totalmente de madre, tomando un rumbo imprevisto para dioses, semidioses y mortales.
Mientras tanto los curiosos
moravecs tratan de desentrañar el enigma que se oculta tras los poderes divinos de los posthumanos, y todas las pistas apuntan en dirección a la Tierra. Para evitar una convergencia cuántica que podría poner en riesgo la existencia de la misma realidad, preparan una misión para viajar hasta el planeta natal de Shakespeare y Proust… lo que por supuesto significa que allá irán también
Mahnmut y Ophu.
Al mismo tiempo en
la Tierra, la menguante población de humanos se enfrenta a la amenaza de la extinción luchando contra las fuerzas implacables de los misteriosos voynix. Los antes serviciales droides ahora están masacrando a los poco miles de humanos que viven en el planeta; en Ardis Hall solo
Ada, Harman y Daeman (junto con la ayuda de Odiseo, ahora transmutado en
Nadie) son capaces de organizar una mermada resistencia. La llegada del terrible Setebos los obligará a lanzarse a la búsqueda de una forma de contrarrestar una imparable marea que avanza en su contra.
Con estas tres tramas principales, que se entrecruzan ahora con mucho más libertad que en la primera novela, Simmons hace avanzar al lector en un mundo que sigue asombrando a cada paso. La odisea compartida de humanos, posthumanos, moravecs, aqueos y troyanos se desarrolla a un
ritmo trepidante, sin apenas dejar un respiro al lector. Esto, junto con
la llegada las tan esperadas respuestas permite al lector ir encajando las dispersas piezas del enigma de este extraño y perturbador futuro.
En cuanto a los roles principales de este segundo tomo, el lector sigue empatizando con las penalidades y aventuras de
Harman, Daeman, Hockenberry y Mahnmut, que son los grandes protagonistas de la acción, y a los que ahora hay que añadir a una
Ada con un papel mucho
más decisivo y combativo, con la joven decidida a luchar sin descanso por el futuro de su pueblo. También se aúpa al podio de protagonistas principales
Aquiles, con su propia trama en la que se lanza en una despiadada cruzada que hará correr la sangre en el Olimpo y que sirve a Simmons para sacar a la palestra jugosa información sobre los posthumanos. Esta última trama (así como todas las relacionadas con los personajes aqueos o troyanos) también le permite al escritor
jugar con la comicidad de las situaciones, enfrentando a los personajes sacados del pasado remoto de la Ilíada con el extraño mundo tecnificado de los posthumanos.
Pero
es en la Tierra donde se juega la partida más importante, con los humanos luchando por descubrir la pieza clave que les permita sobrevivir a los voynix y a Setebos. Tanto
Harman como Daeman se dejarán la piel para lograr que sus congéneres tengan una opción de supervivencia, y aunque tengan que arriesgarse a enfrentarse a aquello que más temen (ya sea la lucha con el horrendo Caliban o la alternativa de no volver a encontrarse nunca más con su amada Ada). Ambos personajes se alzan como los grandes héroes de la historia, más que los desalmados guerreros de la antigüedad homérica, para dejar atrás sus miedos y sacrificarlo todo por su nuevo mundo.
Olympo logra
desentrañar los numerosos enigmas planteados por la anterior entrega, completando una extraña pero fascinante odisea en el futuro. La raza humana aprende a
luchar por su supervivencia, descubriendo el pasado que los ha convertido en lo que ahora son, al tiempo que les abre las puertas a la oportunidad de volver a alzarse como una civilización con todas las de la ley. Pero si hay una raza que se gana el corazón del lector en estas dos novelas esos son los extraños
moravecs, que se convierten en los grandes defensores de lo mejor de la humanidad y que logran ponernos sin reservas del lado de estos androides semiorgánicos que en su interior guardan la prueba de los logros de la humanidad. Aunque es cierto que el desenlace de la novela deja un par de hilos argumentales algo libres (Setebos *ejem, ejem*), en conjunto
Simmons consigue desentrañar bastante bien el perturbador (pero fascinante) tapiz que ha ido tejiendo a lo largo de las dos novelas. Una extraña odisea que nos lleva desde el pasado remoto de la Ilíada hasta las fronteras más remotas de nuestro futuro, solo para demostrar que los seres sintientes (ya sean humanos, moravecs o posthumanos)
nos merecemos una segunda oportunidad.