El tiempo vuela y ya hemos cruzado el ecuador de la primera temporada de La casa del dragón. Un tiempo que vuela también en la misma línea cronológica de la serie ya que hemos asistido a un nuevo salto temporal, el más largo hasta el momento, y que nos lleva una década después del anterior capítulo. A mitad de temporada nos situamos así en lo que parece casi en un nuevo inicio, en el que me ha parecido el capítulos más plano de lo que llevamos de serie que sirve para presentarnos a las nuevas actrices (Emma D’Arcy y Olivia Cooke) que encarnarán a Rhaenyra y Alicent en su vida adulta, con una nueva galería de personajes en la prole de ambas mujeres y que serán personajes centrales para la sangrienta ‘Danza de los dragones’ que nos espera en futuras temporadas.
Bajo el título ‘La princesa y la reina’, lo que en cualquier otro mundo se podría imaginar como digno de un cuento de hadas se convierte en Poniente en un retorcido choque de ambiciones y egos. Sin embargo, aquí La casa del dragón ha bajado el nivel de intensidad respecto a anteriores capítulos, con un episodio mucho más monótono y menos memorable que sirve de presentación tanto de nuevos rostros para personajes ya conocidos como para empezar a introducir a nuevos protagonistas, que serán clave en la guerra civil que se atisba en el horizonte de los Siete Reinos.

