Ningún escritor crea de la nada. Toda obra tiene unos antecedentes literarios y unas influencias, más o menos evidentes según el caso. La literatura fantástica no es ninguna excepción, y durante décadas la dependencia de sus influencias tolkienianas ha lastrado a numerosos autores que parecían dedicarse a remedar, con más ganas que acierto, el modelo marcado por El Señor de los Anillos. Pero afortunadamente no todos los creadores de literatura fantástica se dedican a tratar de calcar sin más la fantasía tolkieniana.
Uno de estos autores decididos a romper moldes dentro del género es Steven Erikson. Mientras sigue en plena escritura de Walk in Shadows, el volumen final de la trilogía de Kharkanas, el autor canadiense todavía tiene tiempo de pasarse por sus redes para dejarnos algún breve ensayo. Hace unos días colgó en su facebook un nuevo texto en el que reflexiona sobre lo importante que son las influencias lectoras para cada autor, al tiempo que nos habla de los autores de género (y de fuera del mismo), que más le influyeron durante su juventud. Una interesante lectura que nos ayuda a comprender cuáles fueron los autores u obras que fermentaron en la cabeza del joven Erikson y ayudaron a nacer al universo fantástico de Malaz.
A continuación podéis leer la traducción de este nuevo ensayo.
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| Arte de Steven Erikson. |
ABRAZAR LAS INFLUENCIAS
por Steven Erikson.
En lo que resultó ser un panel bastante controvertido hace unos años, en la Conferencia Internacional sobre lo fantástico en las artes, lancé una argumentación que condujo a una sorprendente respuesta de la audiencia. Esta audiencia estaba compuesta por académicos interesados y dedicados a la fantasía épica y el tema del panel era 'El estado del género'.
Éramos tres o cuatro en el panel, junto con un moderador. Como era de esperar dado el tema que estábamos debatiendo, Tolkien se convirtió en parte de la discusión; en particular su influencia en el subgénero que es la fantasía épica. Solo unos meses antes se había publicado un nuevo libro académico en el que los autores reiteraban una posición a la que yo me oponía (hasta el punto de que escribí una crítica del libro que apareció en un número de la New York Review of Science Fiction). En esencia, la afirmación era la siguiente: toda la fantasía épica moderna se deriva de Tolkien. Si bien esa afirmación es en sí misma problemática, los autores continuaron parafraseando la descripción de Guy Kay del "producto de fantasía derivado", como indicativo de toda la fantasía épica posterior a Tolkien.
El problema con este argumento, como señalé en mi crítica, radica en el conocimiento severamente limitado del autor/es con respecto a las obras de la fantasía épica moderna (especialmente las sagas). Una de las razones de esto es completamente práctica. Los académicos prefieren volúmenes únicos o series cortas (y libros cortos o de relatos) debido a las limitaciones de tiempo y al grado de inversión. Además, los académicos (de la generación relevante) a menudo maduran académicamente explorando las obras de Tolkien y, en un caso clásico de sesgo de muestreo, no se han mantenido al día con las nuevas obras de fantasía épica basadas en la suposición de que todo lo posterior a Tolkien es, como producto de fantasía derivado, efectos secundarios menores, así que ¿para qué molestarse?

