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martes, 11 de octubre de 2016

Capítulo de apertura de Oathbringer, tercera novela del Archivo de las Tormentas

La tercera novela de la saga del Archivo de las Tormentas está encarando su recta decisiva, que permitirá que Brandon Sanderson pueda publicarla en inglés a finales del próximo año. Por suerte para los devotos seguidores del Cosmere, el autor de Nebraska ya nos ha dejado algunos pequeños adelantos de Oathbringer (Juramentada, como se titula provisionalmente la obra), y hoy os traigo otra pequeña joyita de la épica historia ambientada en el asombroso mundo de Roshar.
Se trata nada menos que del primer capítulo de la novela (sin contar el prólogo de la misma). Brandon Sanderson ya leyó una primera versión de este capítulo en la FantasyCon de Salt Lake City en julio de 2014 (incluso podéis ver los videos que se grabaron con el autor leyendo el fragmento en este enlace), y unos meses después pudimos leer una versión un poco más pulida de dicho capítulo de apertura. Os dejo mi traducción del interesante fragmento, para que vayamos aligerando la espera de la próxima entrega del Archivo de las Tormentas.

Kaladin, por Alex Allen.


Kaladin caminaba penosamente por un campo de tranquilos rocabrotes, plenamente consciente de que era demasiado tarde para evitar el desastre. El conocimiento lo volvía más lento, presionando contra sus hombros con una sensación casi física, casi con el peso de un puente que se viera obligado a llevar el solo.
La tierra a su alrededor debería haberle sido familiar. En cambio parecía salvaje, descuidada, extraña. Después de tanto tiempo en los Tierras de la Tormenta (esas tierras orientales que se llevaban lo peor de las tormentas) casi había olvidado el aspecto de un paisaje más fértil. Los rocabrotes crecían aproximadamente tan grandes como barriles, con las parras tan gruesas como su muñeca derramándose hacia fuera y lamiendo el agua de los charcos en la piedra. La hierba se extendía en el campo y le llegaba hasta la cintura, moteada con vidaspren brillantes. La hierba era de un verde vibrante y lenta para retirarse en sus madrigueras cuando se acercaba.
Kaladin sacudió la cabeza; la hierba cerca de las Llanuras Quebradas apenas crecía tan alta como el tobillo, y sobre todo en parches amarillentos en el lado de sotavento de las colinas. Casi cualquier cosa se podía esconder en estos campos. Todo lo que tendría que hacer era agacharse y esperar a que la hierba se alzara de nuevo en torno, y tendría un punto de emboscada perfecta. ¿Cómo es que nunca se había dado cuenta durante su juventud? Había corrido a través de campos de este tipo, jugando a atraparse con su hermano, tratando de ver quién era lo suficientemente rápido para coger puñados de hierba antes de que se ocultara.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Citas célebres (57)

Los miembros del Puente Cuatro guardaron silencio. Kaladin dejó de atender un instante al hombre confuso y herido y los miró.
—Kaladin —dijo Roca—. Sabes cómo nos han tratado las otras cuadrillas.
—No me importa —dijo Kaladin.
—No nos queda dinero —dijo Drehy—. Incluso estirando nuestros ingresos, apenas alcanza para las vendas necesarias a los nuestros.
—No me importa.
—Si cuidamos a los heridos de otras cuadrillas —insistió Drehy, sacudiendo la rubia cabeza—, tendremos que darles de comer, atenderlos...
—Encontraré un modo.
—Yo... —empezó a decir Roca.
—¡La tormenta os lleve! —exclamó Kaladin, poniéndose en pie. Extendió la mano para abarcar la meseta. Los cuerpos de los hombres de los puentes yacían esparcidos, ignorados—. ¡Mirad eso! ¿Quién se preocupa por ellos? Sadeas, no. Ni sus compañeros de cuadrilla. Dudo que incluso los Heraldos mismos les dediquen un pensamiento.
»No me quedaré aquí viendo hombres morir a mi espalda. ¡Tenemos que ser mejores que eso! No podemos apartar la mirada como los ojos claros, fingiendo que no vemos. Este hombre es uno de nosotros. Igual que lo era Dunny. Los ojos claros hablan de honor. Farfullan bravatas huecas sobre su nobleza. Bien, yo solo he conocido a una persona en mi vida que fuera un auténtico hombre de honor. Era un cirujano que ayudaba a cualquiera, incluso a aquellos que lo odiaban. Especialmente a aquellos que lo odiaban. Bien, vamos a enseñarle a Gaz, y a Sadeas, Hashal y cualquier otro necio inflado que sea capaz de mirar, lo que ese hombre me enseñó a mí. ¡Ahora poneos a trabajar y dejad de quejaros!

Las Llanuras Quebradas (fuente).

El camino de los reyes, de Brandon Sanderson.

viernes, 24 de julio de 2015

Citas célebres (56)

Kaladin (por zippo514).
—He visto el interior de un hombre hoy —dijo Kaladin por fin.
—No es la primera vez —contestó Lirin—, y no será la última. Me siento orgulloso de ti. Esperaba encontrarte aquí llorando, como sueles hacer cuando perdemos un paciente. Estás aprendiendo.
—Cuando digo que he visto el interior de un hombre, no me refiero a las heridas.
Lirin tardó un instante en responder.
—Comprendo.
—Lo habrías dejado morir si yo no hubiera estado allí, ¿verdad?
Silencio.
—¿Por qué no lo hiciste? ¡Habría resuelto tantas cosas!
—Dejarlo morir no habría sido. Habría sido asesinarlo.
—Podrías haberlo dejado desangrar, y decir luego que no pudiste salvarlo. Nadie te habría cuestionado. Podrías haberlo hecho.
—No —dijo Lirin, mirando la puesta de sol—. No, no podría.
—¿Pero por qué?
—Porque no soy un asesino, hijo.
Kaladin frunció el ceño.
Lirin tenía una expresión distante en los ojos.
—Alguien tiene que empezar. Alguien tiene que dar un paso al frente y hacer lo que es justo, porque es justo. Si nadie empieza, los demás no pueden seguirlo. Los ojos claros hacen todo lo posible por matarse, y por matarnos. Los otros aún no han traído de vuelta a Alds y Milp. Roshone los dejó allí.
Alds y Milp, dos hombres del pueblo, habían ido a la cacería pero no habían regresado con el grupo que trajo a los dos ojos claros heridos. Roshone estaba tan preocupado por Rillir que los abandonó para poder viajar rápido.
—A los ojos claros no les preocupa la vida —dijo Lirin—. Así que debo hacerlo yo. Es otro motivo por el que no pude dejarlo morir, aunque tú no hubieras estado delante. Mirarte me dio fuerzas.
—Ojalá no hubiera sido así —dijo Kaladin.
—No debes decir esas cosas.
—¿Por qué no?
—Porque no, hijo. Tenemos que ser mejores que ellos.

El camino de los reyes, de Brandon Sanderson.

sábado, 18 de julio de 2015

Citas célebres (55)

—No puedo salvarlos, Syl —susurró Kaladin, lleno de angustia.
—¿Estás seguro?
—He fracasado siempre antes.
—¿Y por eso fracasarás esta vez también?
—Sí.
Ella guardó silencio.
—Muy bien —dijo al cabo de un rato—. Pongamos que tienes razón.
—¿Entonces por qué luchar? Me dije a mí mismo que lo intentaría una última vez. Pero fracasé antes de empezar. No se les puede salvar.
—¿La lucha en sí misma no significa nada?
—No si estás destinado a morir —agachó la cabeza.
Las palabras de Sigzil resonaban en su mente. «Vida antes que muerte. Fuerza antes que debilidad. Viaje antes que destino.» Kaladin miró la rendija de cielo. Como un río lejano de agua pura y azul.
Vida antes que muerte.
¿Qué significaba el dicho? ¿Que los hombres deberían buscar la vida antes que buscar la muerte? Eso era obvio. ¿O significaba otra cosa? ¿Que la vida venía antes que la muerte? Una vez más, obvio. Y sin embargo las palabras sencillas le hablaban. La muerte viene, susurraban. La muerte les viene a todos. Pero la vida viene primero. Saboréala.
La muerte es el destino. Pero el viaje, eso es la vida. Eso es lo que importa.
Un frío viento sopló por el pasillo de piedra, barriéndolo, trayendo olores frescos y despejados y llevándose el hedor de los cadáveres putrefactos.
Nadie se preocupaba por los hombres de los puentes. A nadie le importaban los que estaban en el fondo, con los ojos más oscuros. Y sin embargo, aquel viento parecía susurrarle una y otra vez «Vida antes que muerte. Fuerza antes que debilidad. Viaje antes que destino».
Su pie golpeó algo. Se agachó a recogerlo. Una roca pequeña. Apenas visible en la oscuridad. Reconocía lo que le estaba pasando, esta melancolía, esta sensación dedesesperación. Le había sucedido a menudo cuando era más joven, sobre todo durante las semanas del Llanto, cuando el cielo quedaba oculto por las nubes. Durante esos momentos, Tien lo animaba, lo ayudaba a salir de la desesperación. Tien siempre había podido hacer eso.
Cuando perdió a su hermano, se enfrentó peor a esos períodos de tristeza. Se convirtió en el despojo, sin preocuparse, pero tampoco sin desesperarse. Le parecía mejor no sentir nada antes que sentir dolor.
«Voy a fallarles —pensó, cerrando los ojos—. ¿Por qué intentarlo?»
¿No era un necio por querer resistir como lo hacía? Si tan solo pudiera ganar una vez... Eso sería suficiente. Mientras pudiera creer que era capaz de ayudar a alguien, mientras creyera que algunos caminos conducían a lugares distintos de la oscuridad, podía sentir esperanza.
«Te prometiste que lo intentarías una última vez —pensó—. Todavía no están muertos.»
«Todavía viven. Por ahora.»
Había una cosa que no había intentado. Algo que lo asustaba demasiado. Cada vez que lo había intentado en el pasado, lo había perdido todo.
El despojo parecía estar plantado allí delante. Significaba liberación. Apatía. ¿De verdad quería Kaladin volver a eso? Era un refugio falso. Ser ese hombre no lo había protegido. Solo lo había hundido más y más hasta que quitarse la vida pareció el mejor camino.
«Vida antes que muerte.»
Kaladin se levantó, abrió los ojos y dejó caer la piedra. Caminó lentamente hacia la luz de las antorchas. Los hombres alzaron la cabeza. Tantas miradas de interrogación. Algunas dubitativas, otras sombrías, otras animosas. Roca, Dunny, Hobber, Leyten. Creían en él. Había sobrevivido a las tormentas. Un milagro.
—Hay algo que podríamos intentar —dijo—. Pero lo más probable es que acabemos todos muertos a manos de nuestro propio ejército.
—Vamos a morir de todas formas —recalcó Mapas—. Tú mismo lo dijiste.
Varios hombres asintieron.
Kaladin inspiró profundamente.
—Tenemos que intentar escapar.

Kaladin y Syl (por Dixon Leavitt).
El camino de los reyes, de Brandon Sanderson.

domingo, 12 de julio de 2015

Citas célebres (54)

—Necesitamos a los soldados, padre. ¿Prefieres que los thayleños violen nuestras fronteras?
—Thaylenah es un reino isla —dijo Lirin tranquilamente—. No comparten frontera con nosotros.
—¡Bueno, pero podrían atacarnos por mar!
—Solo son mercaderes y comerciantes en su mayor parte. Todos los que he conocido han tratado de engañarme, pero no es lo mismo que invadir.
A todos los niños les gustaba contar historias de lugares lejanos. Era difícil recordar que el padre de Kal (el único hombre de segundo nahn en la ciudad) había recorrido todo Kharbranth durante su juventud.
—Bueno, luchamos contra alguien —continuó Kal, disponiéndose a fregar el suelo.
—Sí —dijo su padre tras una pausa—. El rey Gavilar siempre nos encuentra gente para luchar. Eso sí es verdad.
—Entonces necesitamos soldados, como dije.
—Más necesitamos cirujanos —Lirin suspiró con fuerza, apartándose de su armario—. Hijo, casi lloras cada vez que nos traen a alguien; aprietas los dientes ansiosamente incluso durante las intervenciones más sencillas. ¿Qué te hace pensar que serías capaz de hacerle daño a alguien?
—Me haré más fuerte.
—Eso es una tontería. ¿Quién te ha metido esas ideas en la cabeza? ¿Por qué quieres aprender a lastimar a otros niños con un palo?
—Por honor, padre —dijo Kal—. ¿Quién cuenta historias de cirujanos, por el amor de los Heraldos?
—Los hijos de los hombres y mujeres cuyas vidas salvamos —dijo Lirin tranquilamente, mirando a Kal a los ojos—. Ellos cuentan historias de cirujanos.
Kal se ruborizó y se amilanó, hasta que volvió a fregar el suelo.
—Hay dos tipos de personas en el mundo, hijo —dijo su padre severamente—. Los que salvan vidas. Y los que las quitan.
—¿Y los que protegen y defienden? ¿Los que salvan vidas quitando vidas?
Su padre bufó.
—Eso es como intentar detener una tormenta soplando más fuerte. Ridículo. No se puede proteger matando.

El camino de los reyes, de Brandon Sanderson.

sábado, 15 de marzo de 2014

Citas célebres (24)

-Mi padre solía decir que hay dos tipos de gente en el mundo -susurró Kaladin, la voz rasposa-. Decía que estaban los que quitaban vidas. Y los que las salvaban. Pero yo pensaba que estaba equivocado, que había un tercer tipo. Gente que mataba para salvar. Fui un necio. Hay un tercer grupo, uno grande, pero no es el que yo pensaba.
-¿Qué grupo?
-La gente que existe para que la salven o para que la maten. El grupo del medio. Los que no pueden hacer más que morir o ser protegidos. Las víctimas. Eso es todo lo que soy. Existimos para que nos maten. Si no estamos muertos ya.

Kaladin en El camino de los reyes, de Brandon Sanderson.