martes, 26 de septiembre de 2017

Una página de la nueva trilogía de La Primera Ley

El autor británico Joe Abercrombie está escribiendo actualmente la que será su nueva trilogía fantástica, en la que regresa a su brutal y despiadado mundo de La Primera Ley. La saga con la que debutó en la fantasía hace ya más de un década tendrá una continuación en forma de tres nuevas novelas que estarán ambientada unos 15 años después de los sucesos de Tierras rojas.
[Tenéis aquí la última actualización sobre el estado en que se encuentra esta trilogía]
Como la intención del escritor es terminar un primer borrador completo de toda la trilogía antes de publicar el primer libro, todavía falta mucho para que podamos disfrutar del trabajo de 'Lord Grimdark'. Sin embargo el otro día Abercrombie nos dejó a través de su twitter oficial una muestra de su actual trabajo: una página del borrador del inicio de un capítulo, con diversas correcciones y anotaciones echas a mano. A pesar de su suma brevedad y de que no podemos saber de que libro de la trilogía forma parte (podría ser tanto el primero como el segundo, que es el punto que había alcanzado en agosto pasado), si que podemos descubrir un par de datos interesantes como el nombre de un nuevo personaje o la confirmación de que el Círculo del Mundo se enfrenta una nueva época, con una nueva forma de hacer la guerra (como ya nos adelantaba en su novela Los Héroes). Os dejo la traducción completa a continuación.
(Como podéis comprobar debido a la minúscula letra con la que están echas las anotaciones no he sido capaz de descifrar lo que pone en alguna de ellas, así que hay un par de frases sin traducir. Se agradece cualquier ayuda si sois capaces de leerlas).






LA GENTE COMÚN
Peck sintió una bofetada en el hombro y abrió los ojos, se quitó las manos de las orejas y, una vez que hubo averiguado donde estaba exactamente el lado de arriba, lo que le tomó más tiempo de lo creíble, levantó la vista.
El sargento Meyer miró hacia atrás, con líneas blancas a través del hollín negro alrededor de donde había cerrado sus ojos y un lado de su barba ligeramente chamuscado, la boca moviéndose como si estuviera gritando desde la parte superior de sus pulmones. A través de los trozos de trapo en los oídos de Peck y de los otros, y del zumbido de los otros cañones, y el ruido de su propia respiración, el ruido sordo de su corazón y el constante gemido que parecía estar en todas partes, oyó un indicio de la voz de Meyer.
—¡Esponja a ella, Peck!
—¡Oh! —se tambaleó y casi se cayó, y sólo mantuvo el equilibrio agarrado a uno de los caballetes. — Sí.
¿Dónde había puesto la esponja? La agarró, arrancando un poco de hierba con ella.
—Señor.
¿Dónde había puesto el cubo? Casi tropezó con él, girando sobre si mismo buscándolo. ¿Por qué decía sí? No podía oírse a sí mismo. Por supuesto nadie más podía.
El aire estaba viciado con el hedor del fuego Gurko. Tenía la boca seca y le sabía a pólvora. Su garganta estaba en carne viva y los ojos le escocían por el humo. A veces apenas podía ver el siguiente cañón. Alrededor de ellos, las dotaciones atendían a sus cañones, frotándolos, secándolos, cargando, alimentándolos de pólvora, atendiendo a cada uno de sus gritos caprichosos como un montón de niñeras manchadas de suciedad en un vivero lleno de desproporcionados bebés de metal. Bebés que escupieran muerte.
Tropezó hasta el final del cañón, con cuidado de no tocarlo porque ya se había quemado tres veces. Un espeso humo se curvaba desde su boca y él arrojó el agua del cubo, arrancando la costra de pólvora ardiente lejos de sus fauces, levantó su palo y luego se estremeció cuando un cañón un par de puesto más abajo en la hilera disparó, arrojando llamas, levantando un surtidor de humo y haciendo temblar el suelo.
Todo había parecido muy divertido en la escuela de asedio. Buena suerte hasta el final. Mejor que estar trabajando en un molino. Un maldito lugar seguro también. No parecía muy seguro ahora, no hacía falta ni decirlo. Algo que era mejor no pensar.
—¡Esponja a ella, Peck!
No le gustaba llamar a los cañones "ella". Como si fueran mujeres. [Frases manuscritas indescifrable] La esponja estaba chorreando de agua negra mientras la empujaba dentro del humeante cañón, le daba un buen apretón, rociándose cada vez que lo hacía. Estaba empapado del agua de la esponja y manchado de los pies a la cabeza con hollín, y con las mangas de camisa desgarradas y colgando húmedas de sus muñecas.
Pero deja una mancha de pólvora ardiendo allí y cuando pongas la nueva carga en tu parte volarás al infierno. Otra cosa sobre la que era mejor no pensar.
Podía ver a soldados debajo de él. [Frase indescifrable] De Lord Brant, pensó. Un regimiento de aspecto harapiento, extendido largo y torcido a través de...


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