"En esta vida nunca se tienen suficientes cuchillos".
Logen Nuevededos, en la trilogía La Primera Ley de Joe Abercrombie.
jueves, 5 de septiembre de 2013
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Reseña: Drácula, de Bram Stoker
SINOPSIS: Jonathan Harker viaja a Transilvania para
cerrar un negocio inmobiliario con un misterioso conde que acaba de comprar
varias propiedades en Londres. Después de un viaje preñado de ominosas señales,
Harker es recogido en el Paso de Borgo por un siniestro carruaje que le lleva,
acunado por el canto de los lobos, a un castillo en ruinas. Tal es el
inquietante principio de una novela magistral que alumbró uno de los mitos más
populares y poderosos de todos los tiempos: Drácula.
RESEÑA: Dice la leyenda que el escritor irlandés
Bram Stoker murió el 20 de abril de 1912 susurrando las palabras “strigoi,
strigoi” mientras señalaba un punto vacío de la habitación donde agonizaba.
Strigoi en rumano significa espíritu maligno, espectro o vampiro. Sea o no
verdadera la anécdota, lo cierto es que esta creación de Stoker, el vampiro
Drácula, fue el que lo hizo mundialmente famoso y gracias al que ha perpetuado
su nombre en la historia de la literatura.
Drácula se publicó en Londres en 1897, a finales de
la época victoriana y con el siglo XX alboreando en el horizonte, y es sin duda
una obra que se encuentra con un pie en cada uno de estos dos momentos
históricos: el siglo XIX donde todavía era posible creer en fantasmas y
monstruos surgidos de oscuros castillos abandonados propios del terror gótico,
y el siglo XX lleno de las promesas de la ciencia y el uso de la razón. En
Drácula, Stoker es capaz de conjugar ambos elementos con gran maestría para
crear uno de los grandes personajes de la novela de terror: el vampiro.
La novela de Stoker carece de un único narrador
principal y en su lugar utiliza diversos diarios personales o supuestos
recortes de prensa para contarnos la historia, una historia en la que el
principal protagonista es el único que no tiene voz narrativa propia: el conde
Drácula. Es este el que domina todas y cada una de las páginas de la novela,
aun cuando su presencia real es mínima. Su oscura figura se cierne como una
amenaza sobre el Londres victoriano y los protagonistas desde el mismo momento
en que recibe a Jonathan Harker en su solitario castillo de los Cárpatos
rumanos.
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| Vlad Tepes, el empalador. |
Mucho se ha escrito sobre la figura real que
inspiró a Bram Stoker el personaje de Drácula. Se ha hablado de Vlad Tepes el
Empalador, un héroe nacional desde la época de Ceaucescu y que ha pasado a la
historia por la crueldad que desplegaba con sus enemigos, pero lo cierto es que
no existen pruebas de que Stoker supiera mucho del personaje histórico aparte
del hecho de encontrar su apelativo “Draculea”, el demonio o el hijo del
dragón, en un libro sobre los principados de Valaquia (la actual Rumanía) y que
le llevó a tomar la decisión de cambiar el nombre del vampiro original de su
novela del poco llamativo “conde Wampyr” al mítico conde Drácula.
La primera parte de la novela podría ser
clasificada de típica historia gótica. Conocemos a Jonathan Harker que viaja
desde Londres hasta un perdido castillo de los Cárpatos para cerrar un negocio
inmobiliario con el misterioso conde Drácula, un anciano que vive apartado del
mundo. Harker es la representación típica del hombre moderno inglés, escéptico
y racional, que pronto descubrirá que en la lejana y casi medieval Centroeuropa
las cosas son muy diferentes. Los Cárpatos son un lugar rural de pequeños
poblados en mitad de despoblados de kilómetros de extensión, dominado por las
creencias supersticiosas en stregoica, vrolok o strigois (brujas, hombres lobo
y vampiros). Stoker logra sumergirnos con gran realismo en este mundo de
amenazas nocturnas que apenas podemos atisbar.
Por eso, cuando finalmente llegamos al castillo de
Drácula estamos preparados para ser testigos de la existencia de una criatura
que la lógica de la razón apenas podría imaginar: un vampiro, un ser maligno
con siglos de existencia a sus espaldas, alimentándose de la sangre de miles de
desgraciados. Paso a paso Jonathan Harker descubrirá que ha entrado por propia
voluntad en la guarida de un demonio sin piedad, porque a diferencia del
Drácula de Coppola un vampiro enamorado, el vampiro de Stoker es una criatura
maligna sin otra intención que viajar el corazón de la civilización occidental
para ampliar su coto de caza.
Así pues Stoker saca a una criatura típica de la
novela gótica para llevarlo al centro mismo del mundo victoriano, el Londres de
finales del siglo XIX. Este es otro de los grandes aciertos de la novela y que
explica en gran medida su éxito. Al lector de la época debió fascinarle esa
criatura sanguinaria vagando por las pobladas calles de la city londinense en
busca de nuevas víctimas (como una contrapartida ficticia del todavía cercano
Jack el destripador, que aterrorizó Londres apenas unos nueve años antes, no lo
olvidemos).
Para darle más realismo a la historia Stoker
incluye en la narración supuestos recortes de prensa, logrando momentos de gran
vistosidad como la llegada de Drácula a la costa de Whitby en medio de la peor
y más terrorífica tormenta de la historia de Inglaterra. Asimismo, el diario de
bitácora de la goleta fantasma Deméter debería figurar como uno de los mejores
fragmentos de terror gótico escritos por Bram Stoker.
En Londres se desarrolla el corazón de la trama de
la novela. Aquí por fin se desvela la verdadera amenaza que es Drácula para el
mundo moderno y conocemos al otro gran personaje de la historia y contrapunto
exacto del monstruo, el doctor Van Helsing. El sabio holandés posee una
personalidad avasalladora y una voluntad inflexible, y desde su primera
aparición demostrara que es el único con las habilidades suficientes para
plantar cara a Drácula.
Aun así el
vampiro acabará con la vida de la dulce e inocente Lucy Westenra (imagen
perfecta de lo que el conservador Stoker consideraba una mujer ideal, al igual
que Mina Harker, sometidas ambas a fuertes personalidades masculinas, como no
podría ser de otra forma en una novela del siglo XIX) y esta acabara convertida
en una lujuriosa y sensual bebedora de sangre a la que los protagonistas darán caza
para liberarla de su tormento en vida (o en no-muerte, como diría Van Helsing).
Las visitas nocturnas al cementerio de Highgate, en el barrio de Hampstead, y
la persecución de la vampira Lucy son también buenos ejemplos de lo bien que
maneja Stoker los resortes del terror gótico en la que fue su mejor obra.
A partir de entonces la novela da un giro total, y
de una historia de terror y misterio pasa a convertirse en una novela de
aventuras, o en una persecución policiaca, en la que los protagonistas se
lanzan a la caza del monstruo que huye de vuelta a su ancestral morada en los
Cárpatos. Drácula huye del Londres victoriano derrotado y no le queda más
remedio que regresar al mundo al que pertenece, lleno de supersticiones y
miedos irracionales. Toda una declaración de principios de Stoker: puede que
existan monstruos ancestrales que apenas logramos entender, nos dice el
escritor irlandés, pero el mundo moderno y civilizado acabará con ellos. Cuando
el siglo XX llegue el último reducto de estos terrores será el límite de la
civilización, inculto y supersticioso.
En definitiva Drácula es una novela optimista, en
las que las fuerzas del bien logran derrotar al mal ancestral representado por
el conde. Los protagonistas logran imponer su lógica y sus razonamientos para
encontrar a Drácula y acabar con él cuando está a punto de alcanzar su refugio
en los Cárpatos. Una novela que representa a la perfección una época de la historia y que nos deja varios
momentos muy logrados de terror gótico, así como a un personaje irrepetible a
la altura de otros mitos de la literatura como Frankestein o Hyde. Toda una
delicia perderse entre sus páginas y sumergirse en las abandonadas tierras de
los Cárpatos o en el bullicioso Londres nocturno, lugares ligados ya para
siempre a la oscura sombra del conde Drácula.
sábado, 31 de agosto de 2013
Fragmento traducido de La princesa y la reina, de George R. R. Martin
Hace poco vio la luz un breve fragmento de La princesa y la reina, el nuevo relato de George R. R. Martin ambientado en el mundo de Canción de Hielo y Fuego que aparecerá en la antología 'Dangerous Woman' (como publiqué aquí). En el mismo, escrito desde el punto de vista de un maestre de la Ciudadela de Antigua, asistimos a los inicios de la mítica Danza de los Dragones, la guerra civil que enfrentó a los Targaryen por el Trono de Hierro. El texto estaba en inglés, pero en el foro de Asshai.com (posiblemente la mejor página en español dedicada a Martin y su obra) la forera maria_lyanna se tomó la molestia de traducirlo para compartirlo con todos los lectores de Canción de Hielo y Fuego y aquí os lo dejo, para aquellos que todavía no lo hayaís leido.
LA PRINCESA Y LA REINA, o LOS NEGROS Y LOS VERDES
La historia de las causas, orígenes, batallas y
traiciones de la trágica masacre conocida como la Danza de los Dragones,
relatada por el Archimaestre Gyldayn de la Ciudadela de Antigua.
La Danza de los Dragones es el altisonante nombre
que se confiere a la salvaje lucha interna por el Trono de Hierro de Poniente
que enfrentó a dos ramas rivales de la Casa Targaryen desde el año 129 al 131 Después
de la Conquista (DC). Describir los oscuros, turbulentos y sangrientos eventos
de este período como “danza” nos resulta grotescamente inapropiado; sin duda,
la frase tiene su origen en algún bardo. “La Muerte de los Dragones” sería
desde luego más adecuado, pero la tradición y el tiempo han grabado a fuego la
denominación más poética en las páginas de la Historia, así que tendremos que
seguirles la corriente al resto.
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| El rey Viserys I. |
Había dos principales aspirantes al Trono de Hierro
tras la muerte del Rey Viserys I Targaryen: su hija Rhaenyra, la única
descendiente viva de su primer matrimonio; y Aegon, el mayor de los hijos que
le dio su segunda esposa. En medio del caos y la carnicería causada por su
enfrentamiento, otros aspirantes a reyes reivindicarían también sus derechos,
pavoneándose como titiriteros en el escenario durante una quincena o una luna,
sólo para caer tan rápidamente como se habían alzado.
La Danza dividió los Siete Reinos en dos, ya que
los señores, caballeros y el pueblo llano se manifestaron a favor de uno u otro
bando y tomaron las armas contra el contrario. Incluso la propia Casa Targaryen
acabó dividida cuando los parientes, amigos y descendientes de cada aspirante
se vieron implicados en la pelea. Durante los dos años de lucha, los grandes
señores de Poniente sufrieron terribles pérdidas y daños, como también sus
banderizos, caballeros y el pueblo llano. Pese a que la dinastía sobrevivió, al
final del conflicto el poder de los Targaryen había disminuido mucho, y el
número de dragones que quedaban en el mundo se había visto radicalmente
reducido.
La Danza fue una guerra diferente de cualquier otra
jamás librada en la larga Historia de los Siete Reinos. Aunque hubo marchas y
cruentas batallas entre ejércitos, gran parte de la masacre tuvo lugar en el
agua, y especialmente en el aire, ya que hubo enfrentamientos de dragón contra
dragón, con diente, garra y llama. Fue también una guerra marcada por el
sigilo, el asesinato y la traición, una guerra luchada en las sombras y los
rincones de las escaleras, las cámaras del Consejo y los patios de los
castillos con cuchillos, mentiras, y veneno.
El conflicto, que hacía tiempo que permanecía
latente, estalló abiertamente al tercer día de la tercera luna de 129 DC,
cuando el rey Viserys, que estaba enfermo y postrado en su cama, cerró sus ojos
para echar una siesta y murió sin volverse a despertar. Su cuerpo fue
descubierto por un sirviente a la hora del murciélago, cuando era costumbre del
rey beber una copa de hidromiel. El sirviente corrió a informar a la reina
Alicent, cuyos aposentos se encontraban un piso por debajo de los del rey.
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| Rhaenyra Targaryen. |
El sirviente reveló la terrible noticia
directamente a la reina y sólo a ella, sin levantar la alarma general: la
muerte del rey llevaba tiempo esperándose, y la reina Alicent y sus
partidarios, los llamados “verdes”*, se habían ocupado de dar instrucciones a
los guardias y sirvientes de Viserys sobre lo que tenían que hacer cuando
llegase el día.
(* En el año 111 DC, se celebró un gran torneo en
Desembarco del Rey por el quinto aniversario de bodas del rey y la reina
Alicent. En el banquete inaugural, la reina lució un vestido verde, mientras
que la princesa iba llamativamente vestida en el rojo y negro de los Targaryen.
Esto no pasó desapercibido, y desde ese momento se convirtió en costumbre
referirse a los “verdes” y los “negros” al hablar del bando de la reina y el de
la princesa, respectivamente. En el propio torneo, los negros salieron bastante
mejor parados cuando Ser Criston Cole, que llevaba el favor de la princesa Rhaenyra,
derrotó a todos los paladines de la reina, incluyendo a dos de sus primos y a
su hermano pequeño, Ser Gwayne Higtower.)
La reina Alicent acudió enseguida a los aposentos
del rey, acompañada por Ser Criston Cole, Lord Comandante de la Guardia Real. Una
vez que hubieron confirmado que Viserys estaba muerto, Su Alteza ordenó que su
habitación fuese sellada y que se apostasen guardias en su puerta. El sirviente
que había encontrado el cadáver del rey fue hecho preso, para asegurarse de que
no extendiese la noticia. Ser Criston regresó a la Torre de la Espada Blanca y
envió a sus hermanos de la Guardia Real a buscar los miembros del Consejo
Privado del rey. Era la hora del búho.
En aquel entonces, al igual que ahora, la Hermandad
Juramentada de la Guardia Real estaba formada por siete caballeros, hombres de
probada lealtad e indudable destreza que habían jurado solemnemente dedicar su
vida a defender la persona y la familia del rey. Sólo cinco de los Capas
Blancas se encontraban en Desembarco del Rey en el momento de la muerte de
Viserys: el propio Ser Criston, Ser Arryk Cargyll, Ser Rickard Thorne, Ser
Steffon Darklyn y Ser Willis Fell. Ser Erryk Cargyll (el gemelo de Ser Arryk) y
Ser Lorent Marbrand, en Rocadragón con la princesa Rhaenyra, continuaban al margen
de todo, sin saber nada, mientras sus hermanos se adentraban en la noche para
sacar a los miembros del Consejo Privado de sus camas.
Reunidos en los aposentos de la reina, mientras el
cuerpo de su marido se enfriaba sobre sus cabezas, estaban: la misma reina
Alicent; su padre Ser Otto Hightower, Mano del Rey; Ser Criston Cole, Lord
Comandante de la Guardia Real; el Gran Maestre Orwyle; Lord Lyman Beesbury, el
octogenario Consejero de la Moneda; Ser Tyland Lannister, Consejero de Barcos y
hermano del Señor de Roca Casterly; Larys Strong, apodado Larys el Patizambo,
Señor de Harrenhal y Consejero de los Rumores; y Lord Jasper Wylde, apodado
Barra de Hierro, Consejero de Leyes.
El Gran Maestre Orwyle comenzó la reunión repasando
los acostumbrados procedimientos y trámites necesarios a la muerte de un rey.
Dijo: “El Septón Eustace debe ser convocado para que lleve a cabo los últimos
ritos y rece por el alma del rey. Un cuervo debe ser enviado a Rocadragón
enseguida para informar a la princesa Rhaenyra del fallecimiento de su padre.
¿Tal vez Su Alteza la reina querría escribir el mensaje, para suavizar estas
tristes noticias con algunas palabras de condolencia? Las campanas siempre
suenan para anunciar la muerte de un rey, alguien debería encargarse de ello; y,
por supuesto, tenemos que comenzar los preparativos para la coronación de la
reina Rhaenyra…”
Ser Otto Hightower lo interrumpió. “Todo esto debe
esperar”, declaró, “hasta que el asunto de la sucesión se aclare”. Como Mano
del Rey, estaba autorizado a hablar con la voz del rey, e incluso a sentarse en
el Trono de Hierro en ausencia del rey. Viserys le había otorgado la autoridad
de gobernar los Siete Reinos, y “hasta el momento en el que nuestro nuevo rey
sea coronado”, ese gobierno continuaría.
“Hasta que nuestra nueva reina sea coronada” dijo
Lord Beesbury, con tono mordaz.
“Rey”, insistió la reina Alicent. “El Trono de
Hierro por derecho debe pasar al hijo varón legítimo de mayor edad de Su
Alteza”.
La discusión que siguió duró casi hasta el
amanecer. Lord Beesbury habló en favor de la princesa Rhaennyra. El anciano
Consejero de la Moneda, que había servido al rey Viserys durante todo su
reinado, y a su padre Jaehaerys el Viejo Rey previamente, recordó al Consejo
que Rhaenyra era mayor que sus hermanos y tenía más sangre Targaryen, que el
difunto rey la había escogido como su sucesora, que se había negado
repetidamente a alterar el orden de sucesión pese a las súplicas de la reina
Alicent y sus verdes, que cientos de señores y caballeros habían prometido obediencia
a la princesa en el año 105 DC, y jurado solemnemente defender sus derechos.
Pero estas palabras cayeron en oídos de piedra.
viernes, 30 de agosto de 2013
Cómic de La Primera Ley
La Primera Ley, la entretenida trilogía del escritor inglés Joe Abercrombie, tiene una adaptación al cómic que ha contado con el visto bueno del propio autor y que es más que recomendable para todos aquellos que se hayan leido la primera parte de la saga. Chuck Dixon es el encargado de guionizar la historia de La voz de las espadas en cómic, mientras que la parte artística recaerá por un lado en Andie Tong –responsable de la adaptación de La Rueda del Tiempo al mundo de las viñetas– con el color a manos de Pete Pantazis. Lo bueno de esta adaptación es que se puede leer de manera totalmente gratuita en la página oficial del cómic, aquí. Eso sí, está en inglés pero merece la pena echarle un vistazo a las aventuras gráficas del salvaje Logen Nuevededos, el inquisidor Glokta o el disoluto Jezal dan Luthar. ¡Disfrutadlo!jueves, 29 de agosto de 2013
Reseña: Antes de que los cuelguen, de Joe Abercrombie
SINOPSIS: El Superior Glokta tiene la misión de
defender una ciudad sitiada por el ejército gurko y minada por la traición,
además de descubrir que ocurrió con su predecesor desaparecido…
Los hombres del Norte han cruzado la frontera y han
entrado a sangre y fuego en territorio de la Unión. Para detenerlos no bastará
con el ejército del Rey…
Bayaz, el Primero de los Magos, conduce a un
heterogéneo grupo de aventureros en una peligrosa misión por las ruinas del
pasado…
RESEÑA: “Debemos perdonar a nuestros enemigos, pero
nunca antes de que los cuelguen”. Con la cita que abre su libro, segunda parte
de la trilogía La Primera Ley, Joe Abercrombie vuelve para demostrarnos que no
le van las medias tintas. De nuevo nos sumergimos en su mundo particular, un
lugar brutal, sangriento y donde la piedad brilla por su ausencia; quizá, en el
fondo, demasiado cercano al nuestro propio. Tanto que podríamos pensar que
Glokta o Logen Nuevededos podrían salir en nuestros televisores en cualquier
momento… y no precisamente en la sección de sociedad. Seguro que si en otra
mucho más sangrienta.
Sin embargo, tengo que reconocer que esta
continuación baja el nivel respecto a La voz de las espadas, que abría la
trilogía por la puerta grande, con momentos memorables del salvaje Logen o del
cínico inquisidor Glokta. En Antes de
que los cuelguen ambos pasan bastante más desapercibidos, algo que se le puede
perdonar a Logen ya que sus puntos de vista disminuyen en número en este libro,
pero no al inquisidor tullido que carga con gran parte de la trama durante el
asedio y la defensa de la ciudad de Dagoska, en tierras del peligroso Imperio
de Gurkhul.
Ambos aparecen bastante descafeinados, aunque aun
así logran destacar por encima de la media del resto de personajes. No
obstante, otros que en la primera parte parecían más aburridos alcanzan mayor
protagonismo e interés para el lector. Sobre todo destacaría los personajes de
Ferro (quizá el que más evoluciona en esta segunda parte y el que más hace
sonreír con su mal humor constante y sus frases cortantes como cuchillos) y el
grupo de salvajes que intenta sobrevivir en el Norte a las órdenes de
Tresárboles y Sabueso.
Estos últimos probablemente tienen las aventuras
más interesantes de toda la novela, continuando con su odisea para escapar del
odiado rey de los hombres del Norte, Bethod, y finalmente pasándose al bando de
la Unión para combatirlo. El contraste entre los salvajes Sabueso, Dow el
negro, Tul Duru y Hosco con los atildados nobles que rodean al príncipe Ladisla
da lugar a uno de los momentos más cómicos de la historia. Durante la huida de
los salvajes, el comandante West nos sirve como un excelente punto de
referencia, con el que es fácil identificarse. Quizá por eso mismo funciona tan
bien el momento en que el ‘civilizado’ West finalmente explota (y se gana el
apelativo de ‘Furioso’), y que hace que el lector hasta sienta ganas de
aplaudir su actuación frente al quejica y blando Ladisla (para mí uno de los
momentos más inesperados, pero no por ello de lo más deseados. Hacía mucho
tiempo que no veía caer a un príncipe en una novela de fantasía de una forma
tan sencilla).
La mayor decepción de este segundo libro, sin
ninguna duda, es el largo viaje al confín del mundo de Bayaz y su grupo de
“elegidos”. Parece como si Abercrombie no tuviera muy claro que hacer con estos
personajes y simplemente los puso a caminar (el recurso más antiguo de la
literatura fantástica, tampoco lo criticaré por ello). Hay un par de escenas
del viaje bastante entretenidas (el ataque en la colina de las antiguas
piedras, con Logen y Ferro haciendo lo que mejor saben hacer: acabar con sus
enemigos; o el viaje subterráneo por las ruinas de la ciudad de Aulcus, una
especie de revisión del capítulo de las minas de Moria en La Comunidad del
Anillo a través del particular prisma de Abercrombie). Pero si estas escenas
logran sostenerse es sencillamente porque el autor maneja con absoluta maestría
todos los momentos en que hay que desenvainar las espadas y pasar a la acción.
Sus descripciones de batallas y combates son siempre magistrales.
![]() |
| El terrible inquisidor Glokta. |
Sin embargo esto no hace más que agravar el hecho
de que al final el viaje no conlleve a nada. Si, después de página y páginas de
avanzar a través de tierras llenas de peligros resulta que la Semilla no está
allí donde Bayaz esperaba encontrarla y el viaje no ha sido más que una gran
pérdida de tiempo. Habrá que ver como soluciona Abercrombie semejante desaguisado,
que me parece una auténtica tomadura de pelo al lector. De hecho, resulta muy
fácil comprender el enfado de Ferro, Logen o Luthar, ya que es el mismo del
lector: ¡Todo esto para nada!
Glokta, por otra parte, nos sigue regalando algunos
momentos grandiosos durante la defensa de Dagoska paro muy por debajo de lo que
vimos en La voz de las espadas. Con el cambio de ambiente el inquisidor no
gana, a pesar de que sigue siendo el más listo de la clase y demuestre de nuevo
que ser un tullido destruido no es una desventaja para él, si no lo que le hace
más fuerte y peligroso.
En definitiva, Abercrombie baja el ritmo de la
pedalada en esta segunda parte, pero aun así las más de 700 páginas de libro se
pasan con gran rapidez, aunque solo sea porque los diálogos siguen estando
sembrados de un humor negro que es casi imposible de resistir. Solo espero que
en la tercera parte Abercrombie recupere el nivel, porque estamos sin duda ante
uno de los autores que mejores momentos nos puede regalar a los lectores de literatura
fantástica del siglo XXI.
lunes, 19 de agosto de 2013
Reseña: Choque de Reyes, de George R. R. Martin
SINOPSIS: Un cometa del color de la sangre hiende
el cielo, cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así:
los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles
por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del mar Angosto, la
princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través
del desierto. Y en los páramos helados del norte, más allá del Muro, un
ejército implacable avanza hacia un territorio asolado por el caos y las
guerras fratricidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos
deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica,
densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fratricidas, intrigas y
traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas
ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo
invierno que se avecina.
RESEÑA: Choque de Reyes, publicada en inglés en
1998, es el ejemplo perfecto de como la segunda parte de una saga literaria
puede servir para profundizar y añadir grandeza a un mundo totalmente
imaginario. Todos aquellos conflictos y luchas de poder que nos hipnotizaron en
el primer libro adquieren en este segundo tomo unas proporciones épicas, como
no podría ser de otra manera ya que en este segundo tomo de la saga nos
sumergimos de pleno en la Guerra de los Cinco Reyes.
Los Siete Reinos están más divididos que nunca y
todas las facciones luchan por el poder. La guerra se extiende como un
incendio, pero a diferencia de las mayorías sagas fantásticas George Martin nos
muestra su cara más dura y cruel (y más real): saqueos de pequeños poblados,
asesinatos de niños, mujeres e inocentes de toda edad, violaciones,
mutilaciones y huidas sin esperanza. De nuevo vemos que los principales perjudicados por la guerra y el juego de
tronos de los poderosos son los que menos tienen.
El viaje de Arya a través de las tierras arrasadas
por la guerra es de lo mejor de este segundo tomo, y Martin no escatima a la
hora de mostrar los detalles más escabrosos de cualquier contienda. El viaje (un
tópico en todas las novelas de fantasía desde Tolkien) adquiere aquí un nuevo
significado, muy alejado del simple periplo a través de tierras maravillosas.
En Choque de Reyes el viaje significa enfrentarse a la muerte en cada momento,
siempre a través de un mundo sin reglas válidas, incendiado por una guerra
despiadada.
Sin embargo los verdaderos protagonistas de la
novela son los diferentes reyes que luchan encarnizadamente por defender sus
propios intereses (más o menos justos, según el punto de vista de cada cual).
En Choque de Reyes tenemos para coronas para elegir: Robb Stark luchando por
vengar a su padre y recuperar a sus hermanas, Joffrey Baratheon intentando
imponer su dominio sobre todo Poniente, el rey conquistador Balon Greyjoy, el
alegre Renly que considera que por ser guapo y joven merece la corona o el seco
y estricto Stannis que solo quiere aquello es suyo “por derecho”.
Podríamos establecer una lista de reyes según su
mayor o menor nobleza, pero ninguno saldría totalmente bien parado (incluso el
Rey en el Norte, quizá el más justo y noble de todos ellos, arrasa las tierras
de los Lannister causando miles de víctimas inocentes). Un mensaje muy claro de
que en ninguna guerra hay buenos y malos claramente diferenciados.
La lista de personajes principales y secundarios
sigue agrandándose en Choque a un ritmo alarmante, pero aun así Martin es capaz
de presentarlos al lector con claridad y perfectamente definidos. Muchos de
ellos resultan sencillamente hipnotizadores para el lector: el valiente Qorin
Mediamano, la extraña Brienn de Tarth, el peligroso Jaqen H'ghar, el humilde
Davos, el estricto Stannis (contrapartida exacta de su alegre hermano Renly) o
la enigmática Melisandre de Asshai.
Esta última ayuda a introducir un tema que empieza
a desarrollarse con más fuerza: el retorno de la magia. Si en el primer tomo
teníamos la vuelta de los Otros y el renacimiento de los dragones, en Choque de
Reyes la magia aparece como un elemento realmente oscuro y peligroso. El poder
de Melisandre para ver el futuro en las llamas o engendrar sombras asesinas, o
las siniestras visiones que tiene Daenerys en la Casa de los Eternos de Qarth
son buena muestra de ello. Visiones, por cierto, magistralmente tratadas por
Martin y que demuestran lo pensada que tiene el desarrollo de la saga, ya que
mucho de lo que se le aparece a Daenerys lo veremos por nuestros propios ojos
en las siguientes novelas.
Martin maneja a la perfección los distintos hilos
de la enrevesada trama hasta llevarlos a la parte final de la novela donde
asistimos a la terrible Batalla del Aguasnegras. El escritor nos regala algo no
muy habitual en el género, ya que al
menos yo no recuerdo ningún otro libro de fantasía donde se describa con tanta
exactitud y realismo una batalla naval. El catálogo de naves en combate, los
abordajes y sobre todo el infierno que desata el fuego valyrio que el siempre
ingenioso Tyrion desata sobre Desembarco del Rey son un abrumador colofón para
esta segunda parte.
A pesar del gran número de páginas el libro nunca
se hace pesado, por mucho que Martin se empeñe en dejarnos amplias
descripciones de los manjares que se degustan en Poniente, y los giros inesperados en todas las tramas
nos obligan a pasar página tras página a un ritmo enloquecedor. No puedo
terminar la reseña sin señalar que Tyrion, Jon Nieve y Daenerys siguen siendo
los personajes más complejos psicológicamente de la saga, y los que más cercanos
siente el lector, quizá porque los tres se siente terriblemente perdidos en la
caótica situación en la que se encuentran pero aun así siguen adelante,
luchando por lo que consideran mejor.
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