jueves, 5 de septiembre de 2013

Citas célebres (1)

"En esta vida nunca se tienen suficientes cuchillos".

Logen Nuevededos, en la trilogía La Primera Ley de Joe Abercrombie.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Reseña: Drácula, de Bram Stoker



SINOPSIS: Jonathan Harker viaja a Transilvania para cerrar un negocio inmobiliario con un misterioso conde que acaba de comprar varias propiedades en Londres. Después de un viaje preñado de ominosas señales, Harker es recogido en el Paso de Borgo por un siniestro carruaje que le lleva, acunado por el canto de los lobos, a un castillo en ruinas. Tal es el inquietante principio de una novela magistral que alumbró uno de los mitos más populares y poderosos de todos los tiempos: Drácula.

RESEÑA: Dice la leyenda que el escritor irlandés Bram Stoker murió el 20 de abril de 1912 susurrando las palabras “strigoi, strigoi” mientras señalaba un punto vacío de la habitación donde agonizaba. Strigoi en rumano significa espíritu maligno, espectro o vampiro. Sea o no verdadera la anécdota, lo cierto es que esta creación de Stoker, el vampiro Drácula, fue el que lo hizo mundialmente famoso y gracias al que ha perpetuado su nombre en la historia de la literatura.
Drácula se publicó en Londres en 1897, a finales de la época victoriana y con el siglo XX alboreando en el horizonte, y es sin duda una obra que se encuentra con un pie en cada uno de estos dos momentos históricos: el siglo XIX donde todavía era posible creer en fantasmas y monstruos surgidos de oscuros castillos abandonados propios del terror gótico, y el siglo XX lleno de las promesas de la ciencia y el uso de la razón. En Drácula, Stoker es capaz de conjugar ambos elementos con gran maestría para crear uno de los grandes personajes de la novela de terror: el vampiro.
La novela de Stoker carece de un único narrador principal y en su lugar utiliza diversos diarios personales o supuestos recortes de prensa para contarnos la historia, una historia en la que el principal protagonista es el único que no tiene voz narrativa propia: el conde Drácula. Es este el que domina todas y cada una de las páginas de la novela, aun cuando su presencia real es mínima. Su oscura figura se cierne como una amenaza sobre el Londres victoriano y los protagonistas desde el mismo momento en que recibe a Jonathan Harker en su solitario castillo de los Cárpatos rumanos.
Vlad Tepes, el empalador.
Mucho se ha escrito sobre la figura real que inspiró a Bram Stoker el personaje de Drácula. Se ha hablado de Vlad Tepes el Empalador, un héroe nacional desde la época de Ceaucescu y que ha pasado a la historia por la crueldad que desplegaba con sus enemigos, pero lo cierto es que no existen pruebas de que Stoker supiera mucho del personaje histórico aparte del hecho de encontrar su apelativo “Draculea”, el demonio o el hijo del dragón, en un libro sobre los principados de Valaquia (la actual Rumanía) y que le llevó a tomar la decisión de cambiar el nombre del vampiro original de su novela del poco llamativo “conde Wampyr” al mítico conde Drácula.
La primera parte de la novela podría ser clasificada de típica historia gótica. Conocemos a Jonathan Harker que viaja desde Londres hasta un perdido castillo de los Cárpatos para cerrar un negocio inmobiliario con el misterioso conde Drácula, un anciano que vive apartado del mundo. Harker es la representación típica del hombre moderno inglés, escéptico y racional, que pronto descubrirá que en la lejana y casi medieval Centroeuropa las cosas son muy diferentes. Los Cárpatos son un lugar rural de pequeños poblados en mitad de despoblados de kilómetros de extensión, dominado por las creencias supersticiosas en stregoica, vrolok o strigois (brujas, hombres lobo y vampiros). Stoker logra sumergirnos con gran realismo en este mundo de amenazas nocturnas que apenas podemos atisbar.
Por eso, cuando finalmente llegamos al castillo de Drácula estamos preparados para ser testigos de la existencia de una criatura que la lógica de la razón apenas podría imaginar: un vampiro, un ser maligno con siglos de existencia a sus espaldas, alimentándose de la sangre de miles de desgraciados. Paso a paso Jonathan Harker descubrirá que ha entrado por propia voluntad en la guarida de un demonio sin piedad, porque a diferencia del Drácula de Coppola un vampiro enamorado, el vampiro de Stoker es una criatura maligna sin otra intención que viajar el corazón de la civilización occidental para ampliar su coto de caza.
Así pues Stoker saca a una criatura típica de la novela gótica para llevarlo al centro mismo del mundo victoriano, el Londres de finales del siglo XIX. Este es otro de los grandes aciertos de la novela y que explica en gran medida su éxito. Al lector de la época debió fascinarle esa criatura sanguinaria vagando por las pobladas calles de la city londinense en busca de nuevas víctimas (como una contrapartida ficticia del todavía cercano Jack el destripador, que aterrorizó Londres apenas unos nueve años antes, no lo olvidemos).
Para darle más realismo a la historia Stoker incluye en la narración supuestos recortes de prensa, logrando momentos de gran vistosidad como la llegada de Drácula a la costa de Whitby en medio de la peor y más terrorífica tormenta de la historia de Inglaterra. Asimismo, el diario de bitácora de la goleta fantasma Deméter debería figurar como uno de los mejores fragmentos de terror gótico escritos por Bram Stoker.
En Londres se desarrolla el corazón de la trama de la novela. Aquí por fin se desvela la verdadera amenaza que es Drácula para el mundo moderno y conocemos al otro gran personaje de la historia y contrapunto exacto del monstruo, el doctor Van Helsing. El sabio holandés posee una personalidad avasalladora y una voluntad inflexible, y desde su primera aparición demostrara que es el único con las habilidades suficientes para plantar cara a Drácula.
Aun así  el vampiro acabará con la vida de la dulce e inocente Lucy Westenra (imagen perfecta de lo que el conservador Stoker consideraba una mujer ideal, al igual que Mina Harker, sometidas ambas a fuertes personalidades masculinas, como no podría ser de otra forma en una novela del siglo XIX) y esta acabara convertida en una lujuriosa y sensual bebedora de sangre a la que los protagonistas darán caza para liberarla de su tormento en vida (o en no-muerte, como diría Van Helsing). Las visitas nocturnas al cementerio de Highgate, en el barrio de Hampstead, y la persecución de la vampira Lucy son también buenos ejemplos de lo bien que maneja Stoker los resortes del terror gótico en la que fue su mejor obra.

A partir de entonces la novela da un giro total, y de una historia de terror y misterio pasa a convertirse en una novela de aventuras, o en una persecución policiaca, en la que los protagonistas se lanzan a la caza del monstruo que huye de vuelta a su ancestral morada en los Cárpatos. Drácula huye del Londres victoriano derrotado y no le queda más remedio que regresar al mundo al que pertenece, lleno de supersticiones y miedos irracionales. Toda una declaración de principios de Stoker: puede que existan monstruos ancestrales que apenas logramos entender, nos dice el escritor irlandés, pero el mundo moderno y civilizado acabará con ellos. Cuando el siglo XX llegue el último reducto de estos terrores será el límite de la civilización, inculto y supersticioso.
En definitiva Drácula es una novela optimista, en las que las fuerzas del bien logran derrotar al mal ancestral representado por el conde. Los protagonistas logran imponer su lógica y sus razonamientos para encontrar a Drácula y acabar con él cuando está a punto de alcanzar su refugio en los Cárpatos. Una novela que representa a la perfección una  época de la historia y que nos deja varios momentos muy logrados de terror gótico, así como a un personaje irrepetible a la altura de otros mitos de la literatura como Frankestein o Hyde. Toda una delicia perderse entre sus páginas y sumergirse en las abandonadas tierras de los Cárpatos o en el bullicioso Londres nocturno, lugares ligados ya para siempre a la oscura sombra del conde Drácula.

sábado, 31 de agosto de 2013

Fragmento traducido de La princesa y la reina, de George R. R. Martin

Hace poco vio la luz un breve fragmento de La princesa y la reina, el nuevo relato de George R. R. Martin ambientado en el mundo de Canción de Hielo y Fuego que aparecerá en la antología 'Dangerous Woman' (como publiqué aquí). En el mismo, escrito desde el punto de vista de un maestre de la Ciudadela de Antigua, asistimos a los inicios de la mítica Danza de los Dragones, la guerra civil que enfrentó a los Targaryen por el Trono de Hierro. El texto estaba en inglés, pero en el foro de Asshai.com (posiblemente la mejor página en español dedicada a Martin y su obra) la forera maria_lyanna se tomó la molestia de traducirlo para compartirlo con todos los lectores de Canción de Hielo y Fuego y aquí os lo dejo, para aquellos que todavía no lo hayaís leido.

LA PRINCESA Y LA REINA, o LOS NEGROS Y LOS VERDES

La historia de las causas, orígenes, batallas y traiciones de la trágica masacre conocida como la Danza de los Dragones, relatada por el Archimaestre Gyldayn de la Ciudadela de Antigua.

La Danza de los Dragones es el altisonante nombre que se confiere a la salvaje lucha interna por el Trono de Hierro de Poniente que enfrentó a dos ramas rivales de la Casa Targaryen desde el año 129 al 131 Después de la Conquista (DC). Describir los oscuros, turbulentos y sangrientos eventos de este período como “danza” nos resulta grotescamente inapropiado; sin duda, la frase tiene su origen en algún bardo. “La Muerte de los Dragones” sería desde luego más adecuado, pero la tradición y el tiempo han grabado a fuego la denominación más poética en las páginas de la Historia, así que tendremos que seguirles la corriente al resto.
El rey Viserys I.
Había dos principales aspirantes al Trono de Hierro tras la muerte del Rey Viserys I Targaryen: su hija Rhaenyra, la única descendiente viva de su primer matrimonio; y Aegon, el mayor de los hijos que le dio su segunda esposa. En medio del caos y la carnicería causada por su enfrentamiento, otros aspirantes a reyes reivindicarían también sus derechos, pavoneándose como titiriteros en el escenario durante una quincena o una luna, sólo para caer tan rápidamente como se habían alzado.
La Danza dividió los Siete Reinos en dos, ya que los señores, caballeros y el pueblo llano se manifestaron a favor de uno u otro bando y tomaron las armas contra el contrario. Incluso la propia Casa Targaryen acabó dividida cuando los parientes, amigos y descendientes de cada aspirante se vieron implicados en la pelea. Durante los dos años de lucha, los grandes señores de Poniente sufrieron terribles pérdidas y daños, como también sus banderizos, caballeros y el pueblo llano. Pese a que la dinastía sobrevivió, al final del conflicto el poder de los Targaryen había disminuido mucho, y el número de dragones que quedaban en el mundo se había visto radicalmente reducido.
La Danza fue una guerra diferente de cualquier otra jamás librada en la larga Historia de los Siete Reinos. Aunque hubo marchas y cruentas batallas entre ejércitos, gran parte de la masacre tuvo lugar en el agua, y especialmente en el aire, ya que hubo enfrentamientos de dragón contra dragón, con diente, garra y llama. Fue también una guerra marcada por el sigilo, el asesinato y la traición, una guerra luchada en las sombras y los rincones de las escaleras, las cámaras del Consejo y los patios de los castillos con cuchillos, mentiras, y veneno.
El conflicto, que hacía tiempo que permanecía latente, estalló abiertamente al tercer día de la tercera luna de 129 DC, cuando el rey Viserys, que estaba enfermo y postrado en su cama, cerró sus ojos para echar una siesta y murió sin volverse a despertar. Su cuerpo fue descubierto por un sirviente a la hora del murciélago, cuando era costumbre del rey beber una copa de hidromiel. El sirviente corrió a informar a la reina Alicent, cuyos aposentos se encontraban un piso por debajo de los del rey.
Rhaenyra Targaryen.
El sirviente reveló la terrible noticia directamente a la reina y sólo a ella, sin levantar la alarma general: la muerte del rey llevaba tiempo esperándose, y la reina Alicent y sus partidarios, los llamados “verdes”*, se habían ocupado de dar instrucciones a los guardias y sirvientes de Viserys sobre lo que tenían que hacer cuando llegase el día.
(* En el año 111 DC, se celebró un gran torneo en Desembarco del Rey por el quinto aniversario de bodas del rey y la reina Alicent. En el banquete inaugural, la reina lució un vestido verde, mientras que la princesa iba llamativamente vestida en el rojo y negro de los Targaryen. Esto no pasó desapercibido, y desde ese momento se convirtió en costumbre referirse a los “verdes” y los “negros” al hablar del bando de la reina y el de la princesa, respectivamente. En el propio torneo, los negros salieron bastante mejor parados cuando Ser Criston Cole, que llevaba el favor de la princesa Rhaenyra, derrotó a todos los paladines de la reina, incluyendo a dos de sus primos y a su hermano pequeño, Ser Gwayne Higtower.)
La reina Alicent acudió enseguida a los aposentos del rey, acompañada por Ser Criston Cole, Lord Comandante de la Guardia Real. Una vez que hubieron confirmado que Viserys estaba muerto, Su Alteza ordenó que su habitación fuese sellada y que se apostasen guardias en su puerta. El sirviente que había encontrado el cadáver del rey fue hecho preso, para asegurarse de que no extendiese la noticia. Ser Criston regresó a la Torre de la Espada Blanca y envió a sus hermanos de la Guardia Real a buscar los miembros del Consejo Privado del rey. Era la hora del búho.
En aquel entonces, al igual que ahora, la Hermandad Juramentada de la Guardia Real estaba formada por siete caballeros, hombres de probada lealtad e indudable destreza que habían jurado solemnemente dedicar su vida a defender la persona y la familia del rey. Sólo cinco de los Capas Blancas se encontraban en Desembarco del Rey en el momento de la muerte de Viserys: el propio Ser Criston, Ser Arryk Cargyll, Ser Rickard Thorne, Ser Steffon Darklyn y Ser Willis Fell. Ser Erryk Cargyll (el gemelo de Ser Arryk) y Ser Lorent Marbrand, en Rocadragón con la princesa Rhaenyra, continuaban al margen de todo, sin saber nada, mientras sus hermanos se adentraban en la noche para sacar a los miembros del Consejo Privado de sus camas.
Reunidos en los aposentos de la reina, mientras el cuerpo de su marido se enfriaba sobre sus cabezas, estaban: la misma reina Alicent; su padre Ser Otto Hightower, Mano del Rey; Ser Criston Cole, Lord Comandante de la Guardia Real; el Gran Maestre Orwyle; Lord Lyman Beesbury, el octogenario Consejero de la Moneda; Ser Tyland Lannister, Consejero de Barcos y hermano del Señor de Roca Casterly; Larys Strong, apodado Larys el Patizambo, Señor de Harrenhal y Consejero de los Rumores; y Lord Jasper Wylde, apodado Barra de Hierro, Consejero de Leyes.
El Gran Maestre Orwyle comenzó la reunión repasando los acostumbrados procedimientos y trámites necesarios a la muerte de un rey. Dijo: “El Septón Eustace debe ser convocado para que lleve a cabo los últimos ritos y rece por el alma del rey. Un cuervo debe ser enviado a Rocadragón enseguida para informar a la princesa Rhaenyra del fallecimiento de su padre. ¿Tal vez Su Alteza la reina querría escribir el mensaje, para suavizar estas tristes noticias con algunas palabras de condolencia? Las campanas siempre suenan para anunciar la muerte de un rey, alguien debería encargarse de ello; y, por supuesto, tenemos que comenzar los preparativos para la coronación de la reina Rhaenyra…”
Ser Otto Hightower lo interrumpió. “Todo esto debe esperar”, declaró, “hasta que el asunto de la sucesión se aclare”. Como Mano del Rey, estaba autorizado a hablar con la voz del rey, e incluso a sentarse en el Trono de Hierro en ausencia del rey. Viserys le había otorgado la autoridad de gobernar los Siete Reinos, y “hasta el momento en el que nuestro nuevo rey sea coronado”, ese gobierno continuaría.
“Hasta que nuestra nueva reina sea coronada” dijo Lord Beesbury, con tono mordaz.
“Rey”, insistió la reina Alicent. “El Trono de Hierro por derecho debe pasar al hijo varón legítimo de mayor edad de Su Alteza”.
La discusión que siguió duró casi hasta el amanecer. Lord Beesbury habló en favor de la princesa Rhaennyra. El anciano Consejero de la Moneda, que había servido al rey Viserys durante todo su reinado, y a su padre Jaehaerys el Viejo Rey previamente, recordó al Consejo que Rhaenyra era mayor que sus hermanos y tenía más sangre Targaryen, que el difunto rey la había escogido como su sucesora, que se había negado repetidamente a alterar el orden de sucesión pese a las súplicas de la reina Alicent y sus verdes, que cientos de señores y caballeros habían prometido obediencia a la princesa en el año 105 DC, y jurado solemnemente defender sus derechos.
Pero estas palabras cayeron en oídos de piedra.

viernes, 30 de agosto de 2013

Cómic de La Primera Ley

La Primera Ley, la entretenida trilogía del escritor inglés Joe Abercrombie, tiene una adaptación al cómic que ha contado con el visto bueno del propio autor y que es más que recomendable para todos aquellos que se hayan leido la primera parte de la saga. Chuck Dixon es el encargado de guionizar la historia de La voz de las espadas en cómic, mientras que la parte artística recaerá por un lado en Andie Tong –responsable de la adaptación de La Rueda del Tiempo al mundo de las viñetas– con el color a manos de Pete Pantazis. Lo bueno de esta adaptación es que se puede leer de manera totalmente gratuita en la página oficial del cómic, aquí. Eso sí, está en inglés pero merece la pena echarle un vistazo a las aventuras gráficas del salvaje Logen Nuevededos, el inquisidor Glokta o el disoluto Jezal dan Luthar. ¡Disfrutadlo!

jueves, 29 de agosto de 2013

Reseña: Antes de que los cuelguen, de Joe Abercrombie



SINOPSIS: El Superior Glokta tiene la misión de defender una ciudad sitiada por el ejército gurko y minada por la traición, además de descubrir que ocurrió con su predecesor desaparecido…
Los hombres del Norte han cruzado la frontera y han entrado a sangre y fuego en territorio de la Unión. Para detenerlos no bastará con el ejército del Rey…
Bayaz, el Primero de los Magos, conduce a un heterogéneo grupo de aventureros en una peligrosa misión por las ruinas del pasado…

RESEÑA: “Debemos perdonar a nuestros enemigos, pero nunca antes de que los cuelguen”. Con la cita que abre su libro, segunda parte de la trilogía La Primera Ley, Joe Abercrombie vuelve para demostrarnos que no le van las medias tintas. De nuevo nos sumergimos en su mundo particular, un lugar brutal, sangriento y donde la piedad brilla por su ausencia; quizá, en el fondo, demasiado cercano al nuestro propio. Tanto que podríamos pensar que Glokta o Logen Nuevededos podrían salir en nuestros televisores en cualquier momento… y no precisamente en la sección de sociedad. Seguro que si en otra mucho más sangrienta.
Sin embargo, tengo que reconocer que esta continuación baja el nivel respecto a La voz de las espadas, que abría la trilogía por la puerta grande, con momentos memorables del salvaje Logen o del cínico  inquisidor Glokta. En Antes de que los cuelguen ambos pasan bastante más desapercibidos, algo que se le puede perdonar a Logen ya que sus puntos de vista disminuyen en número en este libro, pero no al inquisidor tullido que carga con gran parte de la trama durante el asedio y la defensa de la ciudad de Dagoska, en tierras del peligroso Imperio de Gurkhul.
Ambos aparecen bastante descafeinados, aunque aun así logran destacar por encima de la media del resto de personajes. No obstante, otros que en la primera parte parecían más aburridos alcanzan mayor protagonismo e interés para el lector. Sobre todo destacaría los personajes de Ferro (quizá el que más evoluciona en esta segunda parte y el que más hace sonreír con su mal humor constante y sus frases cortantes como cuchillos) y el grupo de salvajes que intenta sobrevivir en el Norte a las órdenes de Tresárboles y Sabueso.
Estos últimos probablemente tienen las aventuras más interesantes de toda la novela, continuando con su odisea para escapar del odiado rey de los hombres del Norte, Bethod, y finalmente pasándose al bando de la Unión para combatirlo. El contraste entre los salvajes Sabueso, Dow el negro, Tul Duru y Hosco con los atildados nobles que rodean al príncipe Ladisla da lugar a uno de los momentos más cómicos de la historia. Durante la huida de los salvajes, el comandante West nos sirve como un excelente punto de referencia, con el que es fácil identificarse. Quizá por eso mismo funciona tan bien el momento en que el ‘civilizado’ West finalmente explota (y se gana el apelativo de ‘Furioso’), y que hace que el lector hasta sienta ganas de aplaudir su actuación frente al quejica y blando Ladisla (para mí uno de los momentos más inesperados, pero no por ello de lo más deseados. Hacía mucho tiempo que no veía caer a un príncipe en una novela de fantasía de una forma tan sencilla).
La mayor decepción de este segundo libro, sin ninguna duda, es el largo viaje al confín del mundo de Bayaz y su grupo de “elegidos”. Parece como si Abercrombie no tuviera muy claro que hacer con estos personajes y simplemente los puso a caminar (el recurso más antiguo de la literatura fantástica, tampoco lo criticaré por ello). Hay un par de escenas del viaje bastante entretenidas (el ataque en la colina de las antiguas piedras, con Logen y Ferro haciendo lo que mejor saben hacer: acabar con sus enemigos; o el viaje subterráneo por las ruinas de la ciudad de Aulcus, una especie de revisión del capítulo de las minas de Moria en La Comunidad del Anillo a través del particular prisma de Abercrombie). Pero si estas escenas logran sostenerse es sencillamente porque el autor maneja con absoluta maestría todos los momentos en que hay que desenvainar las espadas y pasar a la acción. Sus descripciones de batallas y combates son siempre magistrales.
El terrible inquisidor Glokta.
Sin embargo esto no hace más que agravar el hecho de que al final el viaje no conlleve a nada. Si, después de página y páginas de avanzar a través de tierras llenas de peligros resulta que la Semilla no está allí donde Bayaz esperaba encontrarla y el viaje no ha sido más que una gran pérdida de tiempo. Habrá que ver como soluciona Abercrombie semejante desaguisado, que me parece una auténtica tomadura de pelo al lector. De hecho, resulta muy fácil comprender el enfado de Ferro, Logen o Luthar, ya que es el mismo del lector: ¡Todo esto para nada!
Glokta, por otra parte, nos sigue regalando algunos momentos grandiosos durante la defensa de Dagoska paro muy por debajo de lo que vimos en La voz de las espadas. Con el cambio de ambiente el inquisidor no gana, a pesar de que sigue siendo el más listo de la clase y demuestre de nuevo que ser un tullido destruido no es una desventaja para él, si no lo que le hace más fuerte y peligroso.
En definitiva, Abercrombie baja el ritmo de la pedalada en esta segunda parte, pero aun así las más de 700 páginas de libro se pasan con gran rapidez, aunque solo sea porque los diálogos siguen estando sembrados de un humor negro que es casi imposible de resistir. Solo espero que en la tercera parte Abercrombie recupere el nivel, porque estamos sin duda ante uno de los autores que mejores momentos nos puede regalar a los lectores de literatura fantástica del siglo XXI.

lunes, 19 de agosto de 2013

Reseña: Choque de Reyes, de George R. R. Martin



SINOPSIS: Un cometa del color de la sangre hiende el cielo, cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del mar Angosto, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fratricidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fratricidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.

RESEÑA: Choque de Reyes, publicada en inglés en 1998, es el ejemplo perfecto de como la segunda parte de una saga literaria puede servir para profundizar y añadir grandeza a un mundo totalmente imaginario. Todos aquellos conflictos y luchas de poder que nos hipnotizaron en el primer libro adquieren en este segundo tomo unas proporciones épicas, como no podría ser de otra manera ya que en este segundo tomo de la saga nos sumergimos de pleno en la Guerra de los Cinco Reyes.
Los Siete Reinos están más divididos que nunca y todas las facciones luchan por el poder. La guerra se extiende como un incendio, pero a diferencia de las mayorías sagas fantásticas George Martin nos muestra su cara más dura y cruel (y más real): saqueos de pequeños poblados, asesinatos de niños, mujeres e inocentes de toda edad, violaciones, mutilaciones y huidas sin esperanza. De nuevo vemos que los principales  perjudicados por la guerra y el juego de tronos de los poderosos son los que menos tienen.
El viaje de Arya a través de las tierras arrasadas por la guerra es de lo mejor de este segundo tomo, y Martin no escatima a la hora de mostrar los detalles más escabrosos de cualquier contienda. El viaje (un tópico en todas las novelas de fantasía desde Tolkien) adquiere aquí un nuevo significado, muy alejado del simple periplo a través de tierras maravillosas. En Choque de Reyes el viaje significa enfrentarse a la muerte en cada momento, siempre a través de un mundo sin reglas válidas, incendiado por una guerra despiadada.
Sin embargo los verdaderos protagonistas de la novela son los diferentes reyes que luchan encarnizadamente por defender sus propios intereses (más o menos justos, según el punto de vista de cada cual). En Choque de Reyes tenemos para coronas para elegir: Robb Stark luchando por vengar a su padre y recuperar a sus hermanas, Joffrey Baratheon intentando imponer su dominio sobre todo Poniente, el rey conquistador Balon Greyjoy, el alegre Renly que considera que por ser guapo y joven merece la corona o el seco y estricto Stannis que solo quiere aquello es suyo “por derecho”.

Podríamos establecer una lista de reyes según su mayor o menor nobleza, pero ninguno saldría totalmente bien parado (incluso el Rey en el Norte, quizá el más justo y noble de todos ellos, arrasa las tierras de los Lannister causando miles de víctimas inocentes). Un mensaje muy claro de que en ninguna guerra hay buenos y malos claramente diferenciados.
La lista de personajes principales y secundarios sigue agrandándose en Choque a un ritmo alarmante, pero aun así Martin es capaz de presentarlos al lector con claridad y perfectamente definidos. Muchos de ellos resultan sencillamente hipnotizadores para el lector: el valiente Qorin Mediamano, la extraña Brienn de Tarth, el peligroso Jaqen H'ghar, el humilde Davos, el estricto Stannis (contrapartida exacta de su alegre hermano Renly) o la enigmática Melisandre de Asshai.
Esta última ayuda a introducir un tema que empieza a desarrollarse con más fuerza: el retorno de la magia. Si en el primer tomo teníamos la vuelta de los Otros y el renacimiento de los dragones, en Choque de Reyes la magia aparece como un elemento realmente oscuro y peligroso. El poder de Melisandre para ver el futuro en las llamas o engendrar sombras asesinas, o las siniestras visiones que tiene Daenerys en la Casa de los Eternos de Qarth son buena muestra de ello. Visiones, por cierto, magistralmente tratadas por Martin y que demuestran lo pensada que tiene el desarrollo de la saga, ya que mucho de lo que se le aparece a Daenerys lo veremos por nuestros propios ojos en las siguientes novelas.
Martin maneja a la perfección los distintos hilos de la enrevesada trama hasta llevarlos a la parte final de la novela donde asistimos a la terrible Batalla del Aguasnegras. El escritor nos regala algo no muy habitual en el  género, ya que al menos yo no recuerdo ningún otro libro de fantasía donde se describa con tanta exactitud y realismo una batalla naval. El catálogo de naves en combate, los abordajes y sobre todo el infierno que desata el fuego valyrio que el siempre ingenioso Tyrion desata sobre Desembarco del Rey son un abrumador colofón para esta segunda parte.
A pesar del gran número de páginas el libro nunca se hace pesado, por mucho que Martin se empeñe en dejarnos amplias descripciones de los manjares que se degustan en Poniente,  y los giros inesperados en todas las tramas nos obligan a pasar página tras página a un ritmo enloquecedor. No puedo terminar la reseña sin señalar que Tyrion, Jon Nieve y Daenerys siguen siendo los personajes más complejos psicológicamente de la saga, y los que más cercanos siente el lector, quizá porque los tres se siente terriblemente perdidos en la caótica situación en la que se encuentran pero aun así siguen adelante, luchando por lo que consideran mejor.