SINOPSIS: Han pasado ocho años desde que el imperio
de Kara desapareció, convertido en polvo añil por un poder que escapa a toda
comprensión. La Ciudadela, silenciosa guardiana de la paz gobernada por tres
naciones, vigila los reinos del hombre navegando los cielos.
En un pueblo del frío norte, dos amigos descubrirán
un libro vinculado a un enigma del ayer y a un hombre entre la vida y la
muerte. Nacido de la pluma de un poeta, les descubrirá los secretos que moran
en las montañas a través de una historia en la que conservar la vida vale más
que conservar la humanidad.
El mundo apura sus últimos latidos...
Y en la cima de los Picos Negros, contemplando el
paso del tiempo entre delirantes pensamientos, el Rey Trasgo aguarda el momento
de construir sus sueños a partir de sus cenizas.
RESEÑA: La literatura fantástica está viviendo a
comienzos del siglo XXI una nueva época dorada gracias en su mayor parte a
autores de habla inglesa como George R. R. Martin, Brandon Sanderson o Joe
Abercrombie. Esto hace que de vez en cuando uno se pregunte que ocurre en
nuestro país, donde están los escritores que cultivan el género en español.
Pues bien un ejemplo de ello sería Alberto Morán Roa y su Rey Trasgo que hoy
vengo a reseñar, un libro que a pesar de publicarse a la sombra de un monstruo
del género en el año 2012 (Danza de dragones, nada menos) se ha ido abriendo un
hueco entre los aficionados a la fantasía. Un hueco más que merecido.
El escritor vasco debuta con esta obra en el género
y lo cierto es que lo hace con muy buen pie. El Rey Trasgo nos introduce de
lleno en un mundo amplio y abigarrado lleno de múltiples elementos fruto de un
profundo amor a la literatura fantástica por parte del autor que se nota desde
el mismo arranque de la novela. No en vano los dos protagonistas principales,
Kaelan y Tobías, son ávidos lectores con los que no es difícil identificarse.
La acción de la historia está dividida en dos
lugares bien diferenciados, como ya nos indica el mismo título de la obra: la
Ciudadela y la Montaña. La primera es una increíble construcción que flota en
el aire gracias a un poder desconocido y que tres de los reinos más importantes
deciden utilizar como arma defensiva frente al expansionista y tiránico Imperio
de Kara. La Ciudadela es un lugar realmente impresionante (que inevitablemente
nos recuerda a otras ‘islas flotantes’ de la fantasía como Laputa de Los viajes
de Gulliver o Engendro de Luna de la saga Malaz) que es ambicionado por diversos
poderes del mundo debido al terrible poder que atesora en su interior y que los
reinos de Esidia, Thorar y Ara tendrán que defender a costa de la vida de sus
valientes guerreros.

Esta parte de la novela está dominada por la
acción, con múltiples batallas descritas con bastante acierto aunque quizá no
resulten muy del agrado de los lectores que no disfrutan con tanto combate, así
como por las intrigas políticas para hacerse con el destino de la Ciudadela,
donde las traiciones y engaños harán darse la vuelta a la situación más de una
vez. Las dudas de Kaelan, el comandante esidio, sobre cómo utilizar un poder
tan descomunal (capaz de borrar millones de vidas en solo segundos) son más que
comprensibles para el lector actual, acostumbrado al terrible efecto
destructivo de las armas modernas. Morán Roa nos muestra las implicaciones
morales a las que se tiene que enfrentar todo guerrero a la hora de decidir qué
es lo correcto, y los tres comandantes de la Ciudadela son solo tres facetas de
un mismo dilema: ¿hasta dónde se puede llegar para protegerse?
Pero sin ninguna duda el gran protagonista de la
función en la novela de Morán Roa es el Rey Trasgo y su reino en los Picos
Negros. La parte dedicada a la Montaña es posiblemente lo mejor de toda la
novela, una trama que se desarrolla en un lugar oscuro y lleno de misterios que
poco a poco atrapa al lector y hace que un escalofrío le recorra la espalda al
imaginar los túneles poblados de criaturas ancestrales y repulsivas propias de
una pesadilla. Un mundo de oscuridad y montañas descomunales donde el mal
espera, agazapado en la sombra. Y dominándolo todo se encuentra el Rey Trasgo,
un personaje de una complejidad asombrosa, que a veces hace dibujarse una
sonrisa en el rostro del lector con sus comentarios mordaces para al instante
siguiente hacerlo estremecerse por lo siniestro y psicótico de su
comportamiento. Una criatura que recoge lo peor del comportamiento humano para
devolvérselo multiplicado con toda su maldad.
Quizá lo único negativo que se le pueda achacar al
libro sea su comienzo algo atropellado, con demasiada información que asimilar
en muy pocas páginas y que puede llegar a confundir al lector con tanto salto
temporal… pero lo cierto es que una vez que has cogido pie en el mundo de El
Rey Trasgo la lectura avanza a muy buen ritmo y llena de multitud de sorpresas
que no desvelaré aquí. El resultado final es por lo tanto realmente
satisfactorio y nos deja con ganas de adentrarnos en la segunda parte de la
historia, Títeres de sangre, publicada recientemente. Porque este Rey Trasgo es
simplemente el comienzo de una historia mucho más amplia, como muy bien se
puede comprobar por su final que deja abierta todas las tramas y con muchas
preguntas aún por responder.
NOTA: A los que os haya picado el gusanillo entrad en la página web de la novela aquí donde podréis leer los primeros capítulos.