viernes, 7 de junio de 2013

Precedentes históricos de la Boda Roja

Cada vez que a George R. R. Martin le preguntan por la Boda Roja, responde lo mismo: “No importa cuanto pueda inventar, hay cosas en la historia que son así de malas o peores”. Y el escritor americano está en lo cierto. Igual que su muro está parcialmente basado en el muro de Adriano que defendía las tierras conquistadas por los romanos en Inglaterra de los 'salvajes' del norte, y su guerra de los Cinco Reyes está inspirada por la Guerra de las Dos Rosas del siglo XIV (en la que se enfrentaron las casas nobles York y Lancaster por la corona inglesa), la Boda Roja también bebe de hechos históricos reales. Según Martin se basó principalmente en dos: la Cena Negra y la masacre de Glencoe, ambas ocurridas en Escocia.

LA CENA NEGRA
Durante el siglo XV el clan de los Douglas se hacía cada vez más y más poderoso en Escocia. Por ese motivo, el resto de familias nobles y el propio rey Jacobo II comenzaron a considerarlos como una amenaza para la estabilidad y bienestar de la nación. Con el falso pretexto de acercar posturas, Sir William Crichton organizó un gran festín en honor de los Douglas. A ese festín asistió el propio rey de Escocia y como representantes del poderoso clan Douglas acudieron William Douglas (el sexto conde de Douglas) y su hermano.
La cena transcurrió con total normalidad en un ambiente distendido, pero hacia el final de la misma comenzó a sonar un tambor y se presentó a los Douglas un plato que consistía en la cabeza de un toro negro (el símbolo de la muerte), con la correspondiente sorpresa y horror de Sir William Douglas y su hermano. Tras esto los hermanos Douglas fueron arrestados y llevados a Castle Hill, donde sufrieron una farsa judicial y fueron decapitados. El resto del Clan Douglas se levantó en armas y asediaron el Castillo de Edimburgo. Sir Crichton, dándose cuenta del peligro, rindió el castillo al rey y fue elevado al título de Lord por evitar el derramamiento de sangre.


LA MASACRE DE GLENCOE
En agosto de 1691 Guillermo III de Orange, rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda desde hacía dos años, hizo público que otorgaría el perdón a todos los clanes de las tierras altas de Escocia que les jurasen lealtad antes de que acabase el año, sin importar sus anteriores rechazos al monarca. Una vez vencido el plazo, todos los clanes habían jurado lealtad al rey excepto el clan MacDonald de Glencoe. Maclan, el jefe de los MacDonald no pudo llegar a tiempo de hacer su juramento debido a diversas circunstancias adversas, como el mal tiempo o haber acudido a un magistrado que no estaba legitimado para aceptar el juramento. Con todos estos retrasos, Maclan finalmente pudo realizar su juramente el día 6 de Enero, con seis días de retraso con respecto al plazo previsto.
El consejero del rey Guillermo III, Sir John Dalrymple, tenía planes secretos para el clan MacDonald y el retraso en el juramento de lealtad de Maclan vino muy bien a sus intereses, así como a los de otros clanes escoceses como el de los Campbell, que eran enemigos ancestrales de los MacDonald. El consejero persuadió al rey de que castigara a los MacDonald de manera ejemplar y lo convenció para que los escribanos de Edimburgo no dieran fe del juramento y por tanto le quitaba toda validez. Con esta situación sobre la mesa y a espaldas del rey, Sir John tenía todos los motivos que necesitaba para poner en marcha su malvado plan.
Un contingente militar de unos 120 hombres, comandado por los Campbell, acudió en aparente son de paz a Glencoe el 1 de febrero y fue recibido con todos los honores. Los Campbell permanecieron con los MacDonald acogiéndose a su hospitalidad durante doce días, pero durante la madrugada del 13 de febrero se levantaron en armas y arrasaron los hogares de los principales miembros del clan MacDonald y los asesinaron. El resultado fue 35 muertos y más de 300 huidos, de los cuales muchos murieron debido a las tormentas y el mal tiempo.
Como podemos ver en ambos sucesos se incumplieron las leyes de la hospitalidad y se acabó asesinando de forma cobarde a invitados desarmados. Sin embargo, no son los únicos sucesos de ese tipo que recoge la historia, ya que también podríamos recordar la Masacre del Templo Mayor en México (cuando el conquistador Pedro de Alvarado permitió la reunión de la nobleza mexica para una celebración religiosa y aprovechó para masacrar a estos hombres y mujeres desarmados) o el final del califato omeya (cuando el nuevo califa Abu-al-´Abbas temeroso que la influencia que aún poseían los omeyas pudiera amenazar el derecho al trono de su familia invitó a sus rivales a la ciudad palestina de Abú Futrus, donde se llevaría a cabo un banquete donde se masacró a los omeyas asistentes).  Por desgracia la mayoría de las veces la ficción se queda corta frente a la realidad, sobre todo si hablamos de la crueldad humana.
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3 comentarios:

  1. Hola Antiloo. El ejemplo de Roger de Flor es muy bueno, cierto. El y su compañía de mercenarios fueron traicionados y asesinados en un banquete por el emperador bizantino al que servían. Conocía la historia por no la recordé al escribir esto.
    Lo del anillo de los Nibelungos me era totalmente desconocido.
    ¡Gracias por comentar!

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  2. Un gran blog Dani,falta la historia del Laguna de Minolo pero bueno...jeje

    No en serio,muy buen trabajo!

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    1. Jaja, gracias por la sugerencia, la tendre en cuenta
      ¡Sigue leyendo!

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