miércoles, 8 de julio de 2015

La maldición de Harrenhal (4)

Lord Larys Strong, conocido como el Patizambo, se convirtió en 120 DC en el Señor de Harrenhal tras la muerte de su padre y su hermano mayor. Su trabajo como espía al servicio del Rey Viserys le permitió ascender hasta convertirse en Consejero de los Rumores del reino, puesto que ya ocupaba antes del 129 DC.

La muerte de Viserys I en ese año significó el comienzo de las hostilidades abiertas entre los dos bandos que se habían fraguado en los años anteriores. Cada uno defendía a un pretendiente al Trono de Hierro: por una lado estaba Rhaenyra, hija de la primera esposa de Viserys, y por otro lado Aegon, hijo de Alicent Hightower. El señor de Harrenhal, Lord Larys, se mantuvo al lado del autotitulado Aegon II como su Consejero de los Rumores.
Daemon (por M. Simonetti).
Hacer un resumen, por muy breve que sea, de la compleja y enrevesada Danza de los dragones excede totalmente mis intenciones. La principal fuente para entender lo que ocurrió durante esta guerra civil es la novela corta La princesa y la reina, pero aquí solo destacaré los sucesos estrictamente relacionados con Harrenhal o la casa Strong.
Cuando tanto Aegon II como Rhaenyra había sido coronados reyes de los Siete Reinos ambos bandos empezaron la guerra. La Reina Rhaenyra dejó el mando de sus ejércitos a su nuevo esposo, su tío Daemon Targaryen que como experimentado guerrero muy pronto marchó en busca de una fortaleza lo suficientemente poderosa para acantonar sus fuerzas.
[...] el Príncipe Daemon montó a Caraxes hacia el Tridente. Harrenhal ya había demostrado una vez ser vulnerable desde el cielo, cuando Aegon el Dragón la había hecho caer. Su anciano castellano Ser Simon Strong se apresuró a rendir sus banderas cuando Caraxes prendió la cima de la Torre de la Pira Real. Además de con el castillo el Príncipe Daemon se hizo con la riqueza nada despreciable de la Casa Strong y capturó a una docena de valiosos rehenes, entre ellos Ser Simon y sus nietos.
Harrenhal estaba lo suficientemente cerca de Desembarco del Rey como para suponer una grave amenaza para Aegon II. Por lo tanto la Mano del Rey, su hermano Aemond el Tuerto, partió con todas las fuerzas que pudo reunir para enfrentarse a Daemon. Este movimiento había sido anticipado por el veterano guerrero, que abandonó Harrenhal solo para atacar y conquistar Desembarco del Rey con la ayuda de su esposa Rhaenyra.
Sin embargo, no lograron capturar a Aegon II. El Rey logó escabullirse de la ciudad con ayuda de Larys Strong. La Reina Rhaenyra ofreció grandes recompensas por cualquier información que posibilitara la captura de Aegon y Lord Larys, pero ambos permanecieron ocultos.
A pesar haber capturado la capital, la mitad de los Siete Reinos seguía oponiéndose a la Reina Rhaenyra y sus hijos (a los que muchos todavía llamaban Strong por considerarlos hijos bastardos del fallecido Ser Harwin Strong). Si esto fuera verdad, el triste destino de Jacaerys, Lucerys y Joffrey podría achacarse también a la "maldición de Harrenhal": Jacaerys murió en combate cuando su dragón Vermax fue derribado en la Batalla del Gaznate en 130 DC; Lucerys había muerto un año antes en combate contra Aemond el Tuerto y Vhagar sobre Bastión de Tormentas; y Joffrey se precipitó del dragón de su madre Syrax en Desembarco del Rey durante los disturbios de 130 DC.
La muerte de Lucerys y su dragón Arrax.
También se puede añadir a las víctimas de Harrenhal la de aquellos que la habitaron brevemente durante la Danza de los Dragones: Daemon y Aemond Targaryen. Aunque este último había tomado la fortaleza abandonada, la falta de suministros obligó al ejercito leal a Aegon II a dejarla. Desde entonces, Aemond el Tuerto se dedicó a atacar desde el aire montado en Vhagar, hasta el punto de que:
regresó inesperadamente a Harrenhal, donde quemó toda la estructura de madera del castillo. Seis caballeros y cuarenta hombres de armas perecieron tratando de matar al dragón. Cuando las noticias de estos ataques se extendieron, otros señores miraron al cielo con miedo, preguntándose quién sería el siguiente.
Con esta táctica de 'guerrilla' pretendía atraer la atención de Daemon Targaryen y obligarlo a combatirlo. Y lo consiguió. Daemon voló a las tierras del Tridente montado en su dragón Caraxes, y se dedicó a perseguir a su sobrino. Sin embargo, no logró dar con él y cansado de la caza le comunicó a Lord Mooton de Poza de la Doncella sus intenciones:
"Que se sepa a través de todas sus tierras que vuelo a Harrenhal. Si mi sobrino Aemond se atreve a enfrentarme, me encontrará allí, solo.”
Y así lo hizo, retornando a la fortaleza que había capturado al principio de la Danza de los Dragones:
Ningún estandarte ondeaba sobre las oscuras torres de Harrenhal, cuando el Príncipe Daemon descendió del cielo para tomar el castillo. Un puñado de ocupantes de habían encontrado refugio en las bóvedas y sótanos del castillo, pero el sonido de las alas de Caraxes los hizo huir. Cuando el último de ellos se hubo marchado, Daemon Targaryen paseó solitario por los cavernosos salones del asentamiento de Harren, sin más compañía que su dragón. Cada noche, al crepúsculo, hacia un corte en el árbol corazón del bosque de dioses marcando el paso de otro día. Todavía pueden verse trece marcas en ese arciano; heridas viejas, profundas y oscuras, y todavía, según dicen los señores que han gobernado Harrenhal desde los días de Daemon, vuelven a sangrar todas las primaveras.
Allí fue donde lo encontró su sobrino Aemond:
En el decimocuarto día de la vigilia del príncipe, una sombra apareció sobre del castillo, más negra que cualquier nube pasajera. Todos los pájaros en el bosque de dioses salieron volando asustados, y un viento caliento azotó las hojas caídas a través del patio. Vhagar había venido por fin, y en su lomo montaba el príncipe tuerto Aemond Targaryen, en armadura negra como la noche y ribeteada en oro. [...] El Príncipe Aemond rodeó dos veces las torres de Harrenhal, entonces Vhagar bajó en el patio exterior a cien yardas de Caraxes. Los dragones se miraron ominosamente, y Caraxes extendió sus alas y siseó, las llamas bailando en sus dientes.
Sobre las aguas del Ojo de Dioses, en 130 DC, tuvo lugar uno de los combates más famosos de la Danza de los dragones: Daemon, hermano de Viserys I y marido de Rhaenyra, montado en Caraxes contra Aemond el Tuerto, hermano del Aegon II. Tío y sobrino volaron alto sobre Harrenhal y luego se lanzaron uno contra otro, enzarzándose en un combate de zarpazos y estallidos de fuego.
Tan brillantes eran sus llamas que los pescadores de debajo creyeron que las nubes mismas estaban ardiendo. Enroscados, los dragones fueron cayendo hacia el lago. Las mandíbulas de Caraxes se cerraron sobre el cuello de Vhagar, sus negros dientes hundidos profundamente en la carne del dragón más grande. Mientas las garras de Vhagar le abrían la barriga, y su dientes le arrancaban un ala, Caraxes mordió más y más profundamente en la herida, mientras el lago se acercaba debajo de ellos a una velocidad terrible.
Y fue entonces, nos dicen las historias, cuando el Príncipe Daemon Targaryen pasó una pierna por encima de su silla de montar y brincó de un dragón a otro. En su mano tenía a Hermana Oscura, la espada de la Reina Visenya. Cuando Aemond el Tuerto lo miró aterrorizado, manoseando las cadenas que lo ataban a su silla de montar, Daemon arrancó el yelmo de su sobrino y clavó la espada en su ojo ciego, con tanta fuerza, que la punta salió por la parte de atrás de la garganta del joven príncipe. Instantes después, los dragones golpearon el lago, enviando una ola de agua tan grande, que se dijo que había sido tan alta como la Torre de la Pira Real.
Ninguno de los dos Targaryen sobrevivió a la caída, y sus cuerpos se hundieron en los profundo del lago junto a Vhagar, el último de los dragones de Aegon el Conquistador. Caraxes, agonizante, fue capaz de arrastrarse hasta la superficie y murió a los pies de las murallas de Harrenhal.
El cadáver de Vhagar se hundió en el fondo del lago; la sangre caliente de la herida abierta en su cuello hizo hervir el agua en su último lugar de descanso. Cuando fue encontrado algunos años después de finalizar la Danza de los Dragones, los huesos acorazados del Príncipe Aemond aún permanecían encadenados a su silla de montar, con Hermana Oscura clavada hasta la empuñadura a través de la cuenca de su ojo.
El Príncipe Daemon murió también, de eso no podemos dudar. Nunca se encontraron sus restos, pero hay corrientes raras en ese lago, y también peces hambrientos.
El resultado final de la Danza es bien conocido en el mundo de Canción de Hielo y Fuego: Aegon II capturó a su hermana Rhaenyra y se la dió de comer a su dragón Fuegosol. Junto a él se encontraba su consejero de los Rumores, el señor de Harrenhal Lord Larys Strong, que lo había ayudado a escapar de Desembarco del Rey y que ahora lo acompañó en su regreso triunfante.
La muerte de Rhaenyra ante los ojos de su hijo Aegon.
Sin embargo, el último Strong vivo no logró escapar al oscuro destino de los señores de Harrenhal. Porque la victoría de Aegon II estaba muy lejos de ser segura:
Aunque Rhaenyra estaba muerta y Aegon el Joven estaba en sus manos, Aegon II todavía tenía muchos enemigos que continuaron luchando contra él. Lucharon tanto por miedo a sus represalias como lo hicieron por Rhaenyra, pero lucharon, y demostraron ser el mayor enemigo. [...] Los jóvenes señores rivereños [...] se encontraban a un tiro de piedra de la ciudad, mientras que Lord Stark venía por el camino real, con una gran hueste.
Ante lo grave de la situación, sin fuerzas suficientes para enfrentarse a los enemigos que se acercaban a la capital, fueron muchos los que sugirieron a Aegon II que se rindiera y vistiera el negro. El rey se negó repetidas veces, pero eso ya no importó mucho: Aegon murió envenenado poco después, traicionado por sus propios seguidores.
El joven Aegon III (por Magali Villeneuve).
Inmediatamente se coronó al joven hijo de Rhaenyra como Aegon III. Era 131 DC y los Siete Reinos habían sangrado durante tres años por la división de los Targaryen. Sin embargo, aunque la Danza de los Dragones podía darse por concluida, las consecuencias de la guerra aún harían sangrar al reino.
Cuando Lord Cregan Stark se presentó ante las puertas de Desembarco del Rey, el asustado Aegon III no tuvo más remedio que permitirlo entrar. Con toda una hueste de norteños para respaldarle, pudo imponer su voluntad en la corte facilmente, en un periodo que pasaría a la historia como "la Hora del Lobo".
A pesar de que Lord Stark consideraba que Aegon II había sido un rey injusto y cruel, su sentido del honor y la justicia la obligaba a no dejar sin castigar su asesinato.
[...] en una cosa, Lord Stark no sería disuadido: los que traicionaron y envenenaron al rey Aegon II debían pagar el precio. Porque matar a un rey cruel e injusto en justa batalla era una cosa. Pero el asesinato, y el uso de veneno, era una traición contra los mismos dioses que lo había ungido. Cregan tenía arrestados en nombre de Aegon III a veintidós hombres (entre ellos Larys el Patizambo y Corlys Velaryon).
Larys Strong (por Enife).
Esta referencia nos permite incluir entre los traidores a Aegon II al Señor de Harrenhal. Algo muy raro, porque incluso en los peores momentos de la Danza de los Dragones Lord Larys se mantuvo al lado de Aegon II. 
En todo caso, el intimidado Aegon III no tuvo más remedio que nombrar a Lord Cregan Mano del Rey para que pudiera administrar justicia en nombre del reino. El destino del último Strong quedó en manos del estricto Guardián del Norte:
Cregan Stark sirvió en el cargo por un solo día, para presidir los juicios y las ejecuciones. La mayoría de los acusados tomaron el negro (encabezados por el astuto Ser Perkin la Pulga). Solo dos eligieron la muerte: Ser Gyles Belgrave de la Guardia Real, que no quiso sobrevivir a su rey, y Larys el Patizambo, el último de la línea antigua de la casa Strong.
De esta forma, el verdugo puso un sangriento fin a este antiguo linaje rivereño que se remontaba a siglos antes a la conquista de Aegon. Otra casa noble más se extinguía tras dominar durante una generación la 'maldita' Harrenhal, dejando la oscura fortaleza a la espera de sus siguientes víctimas.


QUINTA PARTE
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2 comentarios:

  1. Excelente la narración de la historia de la Maldición de Harrenhal, una pregunta ¿En que libro puedo leer todo lo acontecido en la Danza de los Dragones?

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    1. Me suscribo a ello. Donde se podría encontrar la princesa y la reina en Español. Si es en inglés tampoco pasa nada.

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