lunes, 18 de noviembre de 2013

Reseña: El Pozo de la Ascensión, de Brandon Sanderson



SINOPSIS: Durante los últimos mil años, han caído las cenizas y nada florece. Durante mil años, los skaa han sido esclavizados y han vivido sumidos en un miedo inevitable. Durante mil años, el Lord Legislador ha reinado con un poder absoluto gracias al terror y a su divina invencibilidad por la poderosa magia de la "alomancia". Kelsier, el Superviviente, el único que logró huir de los Pozos de Hathsin, encontró a Vin, una pobre chica skaa con mucha suerte. Los dos, unidos a la rebelión que los skaa llevaban adelante desde hacía mil años, han vencido al Lord Legislador, pero Kelsier ha muerto y ahora hay que reinar sin la ayuda del héroe y sin disponer de los poderes del Lord Legislador. Todo ello pone de manifiesto un hecho realmente aterrador: matar al Lord Legislador fue la parte sencilla. Sobrevivir a las consecuencias de su caída va a ser el verdadero desafío. Tomar el poder resultó tal vez fácil (como en la revolución francesa o la soviética...), pero ¿qué ocurre después?, ¿cómo se usa el poder? Una amena reflexión de estrategia política y religiosa en el marco de una aventura épica.

RESEÑA: El Pozo de la Ascensión es la continuación directa de los sucesos que Brandon Sanderson narraba en El Imperio Final. Si la primera parte de la trilogía se podía leer como una obra totalmente independiente con un final casi cerrado, El Pozo de la Ascensión es una segunda parte en toda regla: una trama que continúa exactamente en el punto clave que cerraba El Imperio Final y con un final que no es tal porque todo queda abierto para una tercera parte con un montón de dudas por resolver (un Imperio Contraataca narrativo de toda la vida, vamos).
Brandon Sanderson nos narra con mucha fidelidad y realismo lo que es el día después de la victoria, algo que muy pocas veces aparece en la literatura fantástica. En este género suele abundar el tópico de que con la derrota de la fuerza maléfica de turno todo se vuelve pacífico y seguro, pero el escritor americano nos muestra que nunca es así de fácil y que el establecimiento de un nuevo orden de paz es algo casi imposible de lograr. El problema de la paz utópica, ese el gran enemigo en esta segunda parte de Nacidos de la Bruma.
Al iniciarse El Pozo de la Ascensión ha trascurrido un año desde los sucesos de El Imperio Final y el noble Elend Venture ha sido elegido rey del dominio central después del desmoronamiento del Imperio del Lord Legislador (dividido ahora en multitud de pequeños reinos en lucha entre ellos mismos), pero Elend es un rey parlamentario que intenta gobernar para beneficio de los desfavorecidos skaa y con el apoyo de todas las facciones de Luthadel… algo sumamente difícil en los tiempos de crisis que viven. La ciudad se encuentra sitiada por varios ejércitos enemigos y no es el lugar más apropiado para las intenciones utópicas de Elend, tal y como suele suceder en el mundo actual: la dura realidad y los intereses de los más poderosos se imponen a las buenas intenciones de los idealistas que intentan cambiar la situación.
Mientras tanto Vin, la Nacida de la Bruma que acabó con el Lord Legislador, ha vuelto a las andadas: se escabulle por las sombras de la noche como guardaespaldas del nuevo rey de Luthadel, protegiéndolo de los numerosos enemigos que intentan acabar con su vida. La paranoia de la antigua ladrona callejera se ha adueñado completamente de ella, temerosa de que alguien acabe con su amado Elend. En este libro Sanderson vuelve a deleitarnos con complicados combates alománticos muy bien narrados y bastante entretenidos, pero eso no quita que la primera parte de la novela tenga un ritmo bastante más pausado, y que incluso pueda haber algún lector que la encuentre más aburrida por la trama política de Luthadel y la amorosa de la relación Vin-Elend.
Además uno de los graves problemas de esta segunda parte es que adolece de un personaje tan carismático como era Kelsier, con una personalidad arrolladora y atrayente, y que se convertía en el punto central de la acción en el primer volumen de la trilogía. El mismo autor es consciente de su falta, pues todos los personajes de la banda de Kelsier están constantemente echándolo en falta, algo de agradecer.
El hueco que deja Kelsier se intenta cubrir dándole más protagonismo a varios personajes secundarios, como son Sazed (con un viaje al sur en el que traerá nueva información sobre la leyenda del Héroe de las Eras de suma importancia para la evolución de Vin y la propia trama de la trilogía), el mismo Elend Venture, Ham o Brisa, que lamentablemente no están a la altura del desaparecido Superviviente de Hathsin. Te echaremos de menos Kelsier.
Otro secundario como Marsh, que por su conversión en Inquisidor y sus conocimientos sobre los poderes alománticos podría aportar mucho más a la trama, apenas aparece, aunque no cabe duda que en la tercera parte tendrá bastante más relevancia en la historia. Sin duda el hermano de Kelsier tiene que aclarar algunos de sus actos en El Pozo de la Ascensión, así como muchos de los misterios que todavía envuelven a los Inquisidores y sus poderes.
Por fortuna Sanderson nos regala un gran personaje en Zane, un Nacido de la Bruma bastante inestable mentalmente que lucha a las órdenes del rey Straff Venture y que intentará convencer a Vin de que acepte lo que es: no una ladrona, ni una niña asustada, ni una falsa noble, sino una Nacida de la Bruma que puede hacer lo que quiera con sus poderes. He de reconocer que me encantan los personajes que están al límite (sea de la justicia o de la razón) y Zane es una especie de Kelsier sin reparos morales y con la cabeza un poco “tocada”.
A pesar del ritmo bastante lento de la primera parte de la novela, el tramo final es una montaña rusa de acción con la batalla por Luthadel. El pequeño y poco adiestrado ejército reunido por los miembros de la banda de Kelsier tiene que enfrentarse a un temible y numeroso ejército de koloss descontrolados (unas gigantescas bestias humanoides de color azul que tienen el cerebro justo para cumplir con su oficio: asesinar y destruir).

Este último tramo es el que nos devuelva al mejor Sanderson, con un ritmo imparable y vertiginoso que hace que sea imposible parar de leer. La lucha en las murallas y las calles de Luthadel contra el poder imparable de los koloss se convierte en una batalla desesperada en la que el autor no duda en sacrificar algunos de los personajes que nos habían acompañado hasta ahora. Sin embargo, en una nueva vuelta de tuerca en el último momento Vin consigue cambiar el curso de la batalla y convertirse en la salvadora del pueblo skaa que ya la adora como la nueva Héroe de las Eras (¿o deberían llamarla la Heroína de las Eras?).
Y sin embargo, tal y como demuestra la última parte de la novela, Vin todavía está muy lejos de serlo. Dejándose llevar por sus mejores intenciones y tratando de evitar convertirse en un nuevo Lord Legislador tiránico, Vin se adentra en el Pozo de la Ascensión (genial de nuevo Sanderson, manejando y ocultando las cartas a su antojo, pues mil años de dominación del Lord Legislador han cambiado muchas elementos de las supuestas “leyendas” sobre el Héroe de las Eras) y acaba liberando un poder desconocido que posiblemente sea la tan temida Profundidad. La situación se ha vuelto más crítica que nunca y Vin, Elend, y el resto de miembros de la banda de Kelsier lo van a tener muy difícil para sobrevivir. Pero para averiguar cómo se enfrentan a este nuevo poder descontrolado, qué es y cuáles son sus intenciones habrá que esperar a El Héroe de las Eras, tercera parte que cierra esta trilogía de Nacidos de la Bruma.

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