Las obras de fantasía épica nos han acostumbrado a movernos por entornos físicos que replican mundos medievales, entornos donde la tecnología, la estructura social o la economía parecen haberse quedado ancladas en ciertas características inamovibles. Como consecuencia de que la mayoría de autores occidentales se basaron en los pasados históricos de sus propios países o de civilizaciones que les precedieron, esto fue dando lugar a que las sociedades europeas fueran las bases que sustentaban sus creaciones fantásticas.
Otra consecuencia de esta gran influencia histórica europea es que todos estos mundos fantásticos, casi por defecto, se imaginan como grandes masas puramente continentales, donde los grandes reinos pugnan entre ellos y/o contra poderes mágicos malignos o sobrenaturales, en acción más o menos abierta. Son entornos que todos los lectores conocemos más que de sobra, y que siguen poblando largas sagas de fantasía desde hace décadas. En estas, la presencia de entornos diferentes más allá de sus grandes masas continentales parecía algo casi anecdótico, una pizca de misterio añadido más allá de sus costas, lugares remotos apenas atisbados y perdidos en lo profundo del desolador océano.
No obstante, como bien sabemos el fantástico es un género que sigue evolucionando, mutando en diversos ambientes o entornos, y por suerte para nosotros esto nos ha permitido embarcarnos (nunca mejor dicho) en otro tipo de viajes fantásticos. Las novelas que se apartan de los mundos occidentales terrestres nos llevan a explorar ambientaciones y entornos donde lo insular, los archipiélagos y las grandes masas oceánicas son el telón de fondo de las aventuras de sus héroes y sus compañeros, el lugar donde desafían sus destinos y se descubren a si mismos.
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| Ilustración de Ted Nasmith. |
Así que este nuevo artículo extra es un viaje arrastrados por las corrientes marinas, donde notaremos la brisa salada en la piel, surcando océanos llenos de archipiélagos asombrosos. Los misterios, los horrores y las maravillas nos aguardan en costas lejanas. Porque hay toda una plétora de islas donde recalar tanto entre la fantasía más clásica como en las aportaciones de la nuevas voces del género. Tenemos muchos mares en los que perdernos, buscando otras historias diferentes, en sagas y novelas que nos introducen en otros mundos que nos hacen ver lo que se esconde entre los brillos turquesas, zafiros y cobaltos de los mares de la imaginación.
¿Os subís a bordo para esta singladura, marineros?
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