lunes, 5 de septiembre de 2016

Cimmeria, poema épico de Robert E. Howard

La capacidad creativa de Robert E. Howard es algo que sigue asombrando a sus lectores más de cien años después de su nacimiento. El escritor texano se convirtió en uno de los nombre más prolíficos de las publicaciones pulp norteamericanas de comienzos del siglo XX gracias a sus numerosos relatos protagonizados por personajes como el rey Kull de Atlantis, el aventurero Solomon Kane o el guerrero Bran Mak Morn entre otros muchos.
A comienzos de 1932 Howard se encontraba en plena búsqueda de un nuevo personaje en el que plasmar sus ansias de aventuras. En el mes de febrero el escritor se tomó unas vacaciones que le llevaron a recorrer las tierras fronterizas del Río Bravo en su Texas natal, visitando lugares como Fredicksburg o Mission. Fue en el primero de estos lugares donde la visión de la tierra montañosa en una tarde de invierno lluviosa y con niebla la que inspiró a Howard la escritura de unos versos que pretendían evocar una tierra salvaje y dura. El autor tituló el poema con un nombre que resonaría para siempre en la historia de la fantasía, al convertirse en el lugar de origen del personaje que nació en la imaginación de Howard durante ese mismo viaje: Cimmeria.

Cimmeria, en la Era Hiboria (Fuente).

El poema nos presenta una tierra oscura, que el narrador (¿Conan? ¿el propio Howard en la piel de un bárbaro cimmerio?) recorre para encontrarse cara a cara con una naturaleza salvaje e interminable. Sin duda el escritor tenía bien presente la imagen de esta tierra cuando en esas mismas fechas empuñó el lápiz para parir a su nuevo e icónico personaje.
No en vano sería tras este viaje al sur de Texas cuando Robert Howard reescribió una historia protagonizada por Kull de Atlantis titulada By This Axe I Rule! (¡Con esta hacha gobierno!, mayo 1929) bajo un nuevo título, The Phoenix on the Sword (El fénix en la espada), y con el cimmerio Conan como protagonista. En esa misma época también escribió The Frost-Giant's Daughter (La hija del gigante de hielo), inspirada en el mito griego de Dafne. El escritor envió ambas a la célebre revista pulp Weird Tales, aunque sólo la primera fue aceptada y publicada en diciembre de 1932. El éxito del personaje de Conan entre los lectores fue inmediato, lo que llevaría a Howard a escribir un total de 21 relatos, además de dejar un puñado más de historias inacabadas debida a la temprana y trágica muerte del autor cuando solo contaba con 30 años.

Aquí os dejo los versos de CIMMERIA en su versión original:


I remember
The dark woods, masking slopes of sombre hills;
The grey clouds' leaden everlasting arch;
The dusky streams that flowed without a sound,
And the lone winds that whispered down the passes. 


Vista on vista marching, hills on hills,
Slope beyond slope, each dark with sullen trees,
Our gaunt land lay. So when a man climbed up
A rugged peak and gazed, his shaded eye
Saw but the endless vista - hill on hill,
Slope beyond slope, each hooded like its brothers. 


It was a gloomy land that seemed to hold
All winds and clouds and dreams that shun the sun,
With bare boughs rattling in the lonesome winds,
And the dark woodlands brooding over all,
Not even lightened by the rare dim sun
Which made squat shadows out of men; they called it
Cimmeria, land of Darkness and deep Night. 


It was so long ago and far away
I have forgot the very name men called me.
The axe and flint-tipped spear are like a dream,
And hunts and wars are shadows. I recall
Only the stillness of that sombre land;
The clouds that piled forever on the hills,
The dimness of the everlasting woods.
Cimmeria, land of Darkness and the Night. 


Oh, soul of mine, born out of shadowed hills,
To clouds and winds and ghosts that shun the sun,
How many deaths shall serve to break at last
This heritage which wraps me in the grey
Apparel of ghosts? I search my heart and find
Cimmeria, land of Darkness and the Night. 


A continuación podéis leer la traducción del poema hecha por Cristina Macía:

Yo recuerdo
los bosques oscuros que cubrían los cerros sombríos;
la perpetua bóveda de nubes grises,
los turbios arroyos que bajaban silenciosos,
y los vientos que susurraban por los desfiladeros.

De horizonte en horizonte,
de cerro en cerro, de ladera en ladera,
cubierta por árboles tristes,
así era nuestra adusta tierra.

Así, cuando un hombre
trepaba a un pico escarpado
y oteaba,
solo veía el horizonte interminable,
de cerro en cerro,
de ladera en ladera,
todos ellos del mismo color.

Tierra triste, que parecía reunir a los vientos,
nubes y sueños que rehuyen al sol,
las ramas agitadas por el viento solitario
y, por doquier, los bosques oscuros, olvidados por el pálido sol;
que de los hombres arrancaba chatas sombras;
la llamaban Cimmeria,
tierra de Oscuridad y Noche.

Fue hace tiempo, lejos de aquí.
He olvidado el nombre que me dieron los hombres.
El hacha y la lanza de punta de sílex son como un sueño,
y las cacerías y guerras una sombra.

Solo recuerdo la quietud de esa sombría tierra;
las nubes eternas sobre los cerros,
la media luz de los bosques eternos.
Cimmeria, tierra de Oscuridad y Noche profunda.



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