lunes, 21 de octubre de 2013

Reseña: La Casa de Cadenas, de Steven Erikson



SINOPSIS: En el norte de Genabackis, tres guerreros de una tribu salvaje descienden de las montañas para atacar las tierras del sur. Para uno de esos guerreros, Karsa Orlong, ese día marca el comienzo de lo que resultará ser un destino extraordinario.
Pasados los años, Tavore, la inexperta consejera de la emperatriz Laseen, debe enfrentarse a la tarea de adiestrar a doce mil soldados y convertirlos en una fuerza capaz de desafiar a las hordas de la profetisa Sha’ik, que aguardan en el desierto sagrado de Raraku.
Pero la espera nunca es fácil. Los caudillos de la profetisa están enzarzados en una lucha de poder que amenaza el alma de la rebelión mientras que Sha’ik está obsesionado por la revelación de que su mayor enemigo es su propia hermana.

RESEÑA: Steven Erikson continúa desplegando las múltiples tramas de su Iliada particular y servidor se encuentra cada vez más perdido. Y eso que si algo puede decirse de este cuarto libro de la saga de Malaz el Libro de los Caídos es que estamos ante una obra más pausada, casi de transición, donde Erikson aprovecha para recolocar muchas de las piezas y personajes que hemos conocido durante los tres libros anteriores. No obstante que el seguidor de Malaz no se ponga nervioso: en ningún momento el libro pierde ritmo y volvemos a encontrarnos de nuevo con todo aquello que nos gusta del mundo de Erikson: multitud de personajes con intenciones contrapuestas (o simplemente desconocidas), poderes ancestrales que despiertan, batallas de magia, batallas de las de toda la vida (golpes de espada y sangre a borbotones), Abrasapuentes (los pocos que quedan), t´lann imass, dioses jugando con mortales, seres poderosos atrapados por antiguos hechizos (esto último tiene que explicármelo algún día Erikson ¿por qué cada vez que algún personaje se tropieza con un ser atrapado desde hace siglos no se le ocurre otra cosa que liberarlo? ¿En serio les parece buena idea? ¿¿En serio??)…
Y de nuevo Erikson vuelve a jugar con el lector a su antojo. Empezamos el libro conociendo a un nuevo personaje que probablemente sea una de las mejores creaciones del escritor canadiense: el salvaje Karsa Orlong de la tribu de los teblor, una gigantesca mole que solo piensa en saquear, matar, violar y conseguir trofeos de sus enemigos para cubrirse de gloria. Dos compañeros de su tribu intentaran atemperar su genio sin mucho éxito. La facilidad que tiene Karsa para destruir a sus enemigos es aterradora y me recuerda a otro gran bárbaro, a Logen Nuevededos de Joe Abercrombie, aunque desde luego Karsa Orlong carece del sentido del humor que atempera la sordidez de la figura de Logen. Vamos que Karsa es un cafre en toda regla, que no duda en arrasar con todo lo que encuentra por el camino… pero que sin embargo será el personaje que más evolucione a lo largo del libro y que se gane al lector desde el principio.
Además si estamos atentos nos habremos dado cuenta de que la primera parte de la historia ocurre un par de años antes del inicio de Los jardines de la luna, y que Karsa Orlong es un viejo conocido de Las puertas de la Casa de la Muerte: el guerrero conocido como toblakai, guardaespaldas personal de Sha’ik. Toda una sorpresa para mí, lo reconozco, que tenía bastante olvidados algunos personajes secundarios de libros anteriores.

Esto me sirve para señalar algo muy importante conforme se avanza en la saga: Malaz no es una lectura sencilla, con su multitud de tramas entrecruzadas y decenas de personajes (muchos de ellos apenas esbozados, un gran error de Erikson porque el lector acaba por confundir a muchos de ellos debido al poco tiempo que dedica el autor a caracterizarlos). Por lo tanto, es muy recomendable una relectura de los libro anteriores ya que conviene tenerlos frescos para captar toda la trama y la multitud de referencias que se dejan caer en frases que a primera vista parecen poco importantes. Desde luego hay que reconocerle a Erikson que Malaz gana mucho con una segunda lectura, algo que muchos libros del género no resisten bien.
Después de la historia de Karsa Orlong volvemos al presente en el subcontinente de Siete Ciudades y asistimos al enfrentamiento final entre las nuevas legiones reclutadas por el imperio al mando de la consejera Tavore y los rebeldes seguidores del Apocalipsis y su profeta, Sha’ik. Este cuarto libro, sin embargo, es mucho más tranquilo y carece de los grandes momentos épicos que nos dejó la Cadena de Perros o la defensa de la ciudad de Capustan y aunque existe un clímax final este es bastante más flojo que el de libros anteriores.
Lo que no cambia es que de nuevo Erikson vuelve a sorprendernos con revelaciones que oculta hasta el momento que considera oportuno, por lo que más de alguno empezará a sentirse cansado de tanto deus ex machina que le saca las castañas del fuego a los protagonistas cuando todo parece perdido. Eso sí, Erikson logra que la explicación siempre se ajuste a las normas que rigen su mundo, así que no nos queda más remedio que esbozar una sonrisa condescendiente y seguir leyendo. Es su balón y se juega como él quiere.
Como ya he señalado antes al hablar de Karsa Orlong, La Casa de Cadenas sigue añadiendo nuevos personajes a la ya larga lista de los mismos y entre los que también merecen destacarse la pareja formada por el t´lann imass Onrack y tiste edur Trull Sengar. La seriedad de uno y el ingenio mordaz del otro dan lugar a conversaciones memorables, al mismo tiempo que nos ayudarán a conocer un poco más a una nueva raza (otros tiste más) que parece que tendrá mucho que decir en los libros por venir.
En definitiva, un libro con un ritmo más pausado y con menos fuegos artificiales que los anteriores de la saga pero que aun así deja un muy buen sabor de boca. Eso sí, Erikson mantiene bien guardados sus secretos y todavía no sabemos muy bien cuáles son las intenciones de los contendientes de esta batalla, la Casa de Cadenas y la de Sombras… y si son los únicos que la juegan, cosa muy poco probable conociendo al canadiense. Esperemos que en Mareas de medianoche sepamos más sobre lo que persigue cada bando en estas épicas luchas de poder entre ascendientes y mortales.

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