jueves, 29 de agosto de 2013

Reseña: Antes de que los cuelguen, de Joe Abercrombie



SINOPSIS: El Superior Glokta tiene la misión de defender una ciudad sitiada por el ejército gurko y minada por la traición, además de descubrir que ocurrió con su predecesor desaparecido…
Los hombres del Norte han cruzado la frontera y han entrado a sangre y fuego en territorio de la Unión. Para detenerlos no bastará con el ejército del Rey…
Bayaz, el Primero de los Magos, conduce a un heterogéneo grupo de aventureros en una peligrosa misión por las ruinas del pasado…

RESEÑA: “Debemos perdonar a nuestros enemigos, pero nunca antes de que los cuelguen”. Con la cita que abre su libro, segunda parte de la trilogía La Primera Ley, Joe Abercrombie vuelve para demostrarnos que no le van las medias tintas. De nuevo nos sumergimos en su mundo particular, un lugar brutal, sangriento y donde la piedad brilla por su ausencia; quizá, en el fondo, demasiado cercano al nuestro propio. Tanto que podríamos pensar que Glokta o Logen Nuevededos podrían salir en nuestros televisores en cualquier momento… y no precisamente en la sección de sociedad. Seguro que si en otra mucho más sangrienta.
Sin embargo, tengo que reconocer que esta continuación baja el nivel respecto a La voz de las espadas, que abría la trilogía por la puerta grande, con momentos memorables del salvaje Logen o del cínico  inquisidor Glokta. En Antes de que los cuelguen ambos pasan bastante más desapercibidos, algo que se le puede perdonar a Logen ya que sus puntos de vista disminuyen en número en este libro, pero no al inquisidor tullido que carga con gran parte de la trama durante el asedio y la defensa de la ciudad de Dagoska, en tierras del peligroso Imperio de Gurkhul.
Ambos aparecen bastante descafeinados, aunque aun así logran destacar por encima de la media del resto de personajes. No obstante, otros que en la primera parte parecían más aburridos alcanzan mayor protagonismo e interés para el lector. Sobre todo destacaría los personajes de Ferro (quizá el que más evoluciona en esta segunda parte y el que más hace sonreír con su mal humor constante y sus frases cortantes como cuchillos) y el grupo de salvajes que intenta sobrevivir en el Norte a las órdenes de Tresárboles y Sabueso.
Estos últimos probablemente tienen las aventuras más interesantes de toda la novela, continuando con su odisea para escapar del odiado rey de los hombres del Norte, Bethod, y finalmente pasándose al bando de la Unión para combatirlo. El contraste entre los salvajes Sabueso, Dow el negro, Tul Duru y Hosco con los atildados nobles que rodean al príncipe Ladisla da lugar a uno de los momentos más cómicos de la historia. Durante la huida de los salvajes, el comandante West nos sirve como un excelente punto de referencia, con el que es fácil identificarse. Quizá por eso mismo funciona tan bien el momento en que el ‘civilizado’ West finalmente explota (y se gana el apelativo de ‘Furioso’), y que hace que el lector hasta sienta ganas de aplaudir su actuación frente al quejica y blando Ladisla (para mí uno de los momentos más inesperados, pero no por ello de lo más deseados. Hacía mucho tiempo que no veía caer a un príncipe en una novela de fantasía de una forma tan sencilla).
La mayor decepción de este segundo libro, sin ninguna duda, es el largo viaje al confín del mundo de Bayaz y su grupo de “elegidos”. Parece como si Abercrombie no tuviera muy claro que hacer con estos personajes y simplemente los puso a caminar (el recurso más antiguo de la literatura fantástica, tampoco lo criticaré por ello). Hay un par de escenas del viaje bastante entretenidas (el ataque en la colina de las antiguas piedras, con Logen y Ferro haciendo lo que mejor saben hacer: acabar con sus enemigos; o el viaje subterráneo por las ruinas de la ciudad de Aulcus, una especie de revisión del capítulo de las minas de Moria en La Comunidad del Anillo a través del particular prisma de Abercrombie). Pero si estas escenas logran sostenerse es sencillamente porque el autor maneja con absoluta maestría todos los momentos en que hay que desenvainar las espadas y pasar a la acción. Sus descripciones de batallas y combates son siempre magistrales.
El terrible inquisidor Glokta.
Sin embargo esto no hace más que agravar el hecho de que al final el viaje no conlleve a nada. Si, después de página y páginas de avanzar a través de tierras llenas de peligros resulta que la Semilla no está allí donde Bayaz esperaba encontrarla y el viaje no ha sido más que una gran pérdida de tiempo. Habrá que ver como soluciona Abercrombie semejante desaguisado, que me parece una auténtica tomadura de pelo al lector. De hecho, resulta muy fácil comprender el enfado de Ferro, Logen o Luthar, ya que es el mismo del lector: ¡Todo esto para nada!
Glokta, por otra parte, nos sigue regalando algunos momentos grandiosos durante la defensa de Dagoska paro muy por debajo de lo que vimos en La voz de las espadas. Con el cambio de ambiente el inquisidor no gana, a pesar de que sigue siendo el más listo de la clase y demuestre de nuevo que ser un tullido destruido no es una desventaja para él, si no lo que le hace más fuerte y peligroso.
En definitiva, Abercrombie baja el ritmo de la pedalada en esta segunda parte, pero aun así las más de 700 páginas de libro se pasan con gran rapidez, aunque solo sea porque los diálogos siguen estando sembrados de un humor negro que es casi imposible de resistir. Solo espero que en la tercera parte Abercrombie recupere el nivel, porque estamos sin duda ante uno de los autores que mejores momentos nos puede regalar a los lectores de literatura fantástica del siglo XXI.

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